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De Vere y Herri Gardens

Mensaje en una blogtella

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Este blog surge de un naufragio y de un afán de supervivencia. En este sentido no se puede esperar de él más que de un pecio, y de hecho, este es el otro nombre que hemos colocado de portada. Utilizar los restos de lecturas, de impresiones, de una (mala) educación sentimental que están desperdigados de mala manera por las playas inhóspitas de nuestra madurez; que hace poco parecían valer para algo, conformar algo así como un aparejo con el que navegar mal o bien y que ahora miramos con la esperanza, probablemente ilusoria, de que nos permita montar poco más que una choza, pero que un día, con la ayuda de algún bucanero más, nos permita conseguir el tesoro que buscamos.

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4 comentarios

Herri -

Tradescantia, ansiosos estamos porque comiences tu Eterno Ejemplar.

Tradescantia -

\\\\\\\"Sucede a veces que uno muere y al inventariar sus pertenencias en busca de esas cosas de las que se dice que \\\\\\\\\\\\\\\"por ahora conviene no tirar\\\\\\\\\\\\\\\", aparece un objeto de tapas de cuero con el lomo sobrepujado en media caña e impreso en relieve dorado que hasta por su emplazamiento entre los mejores tomos de la biblioteca parece una edición especial y es apenas el Eterno Ejemplar, único resultado de tantos sueños que el muerto, en vida, fue desgranando en su tiempo libre, tal vez anticipando ese momento revelador:

—¿Sabían que P había escrito un libro...?

—Nooooo...! ¡No te lo puedo creeeeer...!

—Sí creémelo! ¡Yo este mismo domingo voy a ponerme a leerlo...!

—Habría que llamar a alguien que entienda un poco para ver si no conviene hacer que lo publiquen. ¡A él le hubiera gustado tanto...! ¿Vamos a mirarlo...?

—Sí... Pero no se lo vayan a llevar, y por si alguien lo quiere hojear voy a dejarlo siempre ahí: en mi mesita de noche, justo a la derecha del velador, donde apunta justo la luz de la pantalla.

Y allí, apenas a unos metros del salón donde yace el cuerpo sin vida del autor, yace su Libro Acariciado. El también, a su manera, velado por la luz mortecina de la bombilla del velador: cuarenta vatios inútiles, velando y envejeciendo ese volumen de ciento veinte páginas que jamás nadie irá a leer.

Y el muerto, el desvelado acariciador de aquel sueño de consagración encuadernado en cuero, no era periodista. Ni siquiera peronista era.

Era perito agrario: un título profesional insignificante.\\\\\\\"
Rodolfo Enrique Fogwill
Urbana
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ladydark -

Brindemos por el comienzo de la aventura, suerte.

Viernes -

Tío, esto es un buen comienzo, creo que seguiré visitando este sitio
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