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De Vere y Herri Gardens

Morio

Morio

   V. y H. leían hace un tiempo la necrológica del crítico literario Rafael Conte y comentaron los buenos ratos que habían pasado con su lectura y con el gusto que esperaban su crítica de los sábados. En el mismo artículo había un enlace a una crítica de Conte sobre Pierre Michon, a estas alturas ya han olvidado si fue él el que les hizo leer el primer libro de Michon, pero sólo por eso, ya le están agradecidos para siempre. les apetece seguir con Michon y encuentran un texto suyo, breve pero deslumbrante "trois noms de bêttes pour W. B.." y se aplican a traducirlo mal que bien. Ahora lo colocan aquí porque cada vez se ven más como los Bouvard y Pecuchet de la red, y que ejercer de amanuenses es lo suyo. 

 

 

   Encontré una mariposa, hace mucho tiempo. Hace mucho tiempo que la perdí de vista, aparece poco, creo que es una de estas especies que se extinguen  lentamente. No recuerdo haberla encontrado nunca escrita en la literatura. La había olvidado. Volvió de nuevo en Walter Benjamin. Volvió de nuevo brutalmente en la página 25 de “Una infancia berlinesa”, las migajas de los recuerdos de un pequeño Walter Benjamín ya viejo. Caza las mariposas, durante las vacaciones, en Postdam, sobre el Brauhausberg que es un bosque, una colina. Sobre esta colina, escribe que es un monte embebido de azul que se levantaba en verano para recibirlos, a sus padres y a él. Dice que el Postdam de su infancia es un aire azul sobre el que las mariposas, tan diferentes según su especie, los morios y los vulcanos, las vanesas, aparecen como una lengua extranjera escrita sobre las paredes azules del Jerusalén que se ve en los sueños.

 

Es una gran mariposa. Vive en los bosques. Es una rareza. No se le ve nunca, y de pronto solamente la ves a ella. La primera vez, desemboca en un claro, levantas los ojos y allí arriba pasa con un vuelo rápido y potente, más de gran pájaro que de mariposa, determinada, con amplia batida. Tiene un objetivo, algo nada frecuente en las mariposas. Va con determinación hacia esa meta, allá va. Rápidamente desapareció. Crees que nunca se la volverá a ver.

Siendo un pequeño muchacho en el bosque, a mediados de los años cincuenta.

Un día se la vuelve a ver. Es también en un claro, pero esta vez con la cabeza bajada. Está posada, se habría podido pasar por encima. No está sobre flores, está en el suelo, en el monte bajo, abierta y quieta. Sabes que es ella, la reconoces, no por sus colores que apenas se percibieron cuando estaba en lo alto, sino por su paso categórico y decidido, por su resolución, su confianza. Está posada sobre el musgo. No se posa como una mariposa - todas lo hacen como ladronas, culpables que quieren pasar inadvertidas. No, ésta se posa a la vista, como una autoridad, como una reina, y permanece allí desplegada sin moverse, interminablemente. Se le podría pasar por encima, no le importa, es una reina. Se ve bien su abrigo de terciopelo marrón con un borde crema, lágrimas azules. Es hermosa, pero no es eso. El pequeño no la admira, no la contempla, no tiene siquiera el deseo de poseerla o de reducirla a migajas. El pequeño reflexiona a toda velocidad. Busca el nombre de esta mariposa. Nunca se lo ha aprendido. Lo sabe, debe saberlo, sabe que lo sabe desde que nació. El claro, el ruido de los árboles, el lugar el Bois-du-Breuil dónde tiene lugar la acción, todo le pide este nombre. Todo dice: Es un aliado. Deposita su reino a tus pies. Di su nombre.

El pequeño no sabe. Más tarde, en una librería, se atreve a comprar un pequeño libro sobre las mariposas, en la calle lo hojea temblando. Está allí con su abrigo marrón, en la página 42 ó 75. El muchacho reconoce bien el abrigo, y el nombre también lo reconoce hasta cierto punto. Adán lo nombró. Un naturalista en 1762 lo nombró, o escribió por primera vez el nombre que Adán le había dado. Es el morio. Ésto es: morio. El niño dice: el morio. Se lo dice a los coches que pasan por la calle donde tiembla delante de la página abierta. Dice este nombre  de nuevo a cada parada del autobús, y cuando el autobús circula también lo dice. En casa no se lo dice a su abuela que cocina la sopa. Lo dirá mañana a la mariposa en el Bois-du-Breuil. No vuelve a ver nunca más la mariposa.

 

   Ocurre que los muchachos sean imprudentes, se van de la lengua, dicen el nombre a cualquiera, a su abuela, al profesor, a un amigo. Éste lo repite a otro, que lo repite a su vez. Cada uno lo transmite, para hacerse valer, para discutir o demostrar, para charlar. Rehacen la cadena de Babel: pasando de uno a otro, a la abuela que habla patois y sorda, al maestro de escuela distraído que lo entiende mal, a los amigos fabuladores, el nombre se desvirtúa, se deforma, se convierte en irreconocible, aunque al fin y al cabo el pequeño Walter Benjamin, que vive lejos, lo reconoce bajo la forma: Trauer Mantel. Qué más da: el morio y el Trauer Mantel, son el mismo nombre.

 

   Es en otro claro, extenso éste, un prado aislado en el bosque, donde vi otro animal incuestionable, mucho antes del tiempo del morio, cuando mi madre me llevaba aún de la mano. Llevábamos manoplas, era el pleno frío invierno, la nieve cubría el prado. Paseábamos por el bosque. Un animal afilado y rojizo pasó al galope por este prado blanco, un meteoro. Mi madre dijo: “Un zorro”. Lo dijo para sí mismo, como de muy lejos, pero gritando. A través de nuestras manoplas, su mano temblaba de excitación. La mía también. ¿Qué tiene pues, el zorro, para que al pronunciar su nombre nos trastorne así? El prado, el bosque, el invierno, la nieve, - el niño siente que siempre han estado allí con su nombre, es Dios quien los nombró. Eso pasó antes de nosotros, antes de nuestro tiempo, nosotros no tenemos nada que decidir sobre ello. El zorro, si. Decidimos. Cuando pasa, hay que decir su nombre.

 

   No se sabe dónde está el claro donde Dios puso a  Adán para hacer desfilar ante él todos los animales creados. Pero se sabe con certeza que es en el capítulo dos del Génesis, en los versículos 19 y 20, cuando Adán se pone a hablar. Es este día en el que el hombre se sirve de su lengua por primera vez. Hasta entonces Dios solo nombró, y creó nombrándolos, el día y la noche, las montañas, las aguas y las grandes estrellas. Luego cambia de técnica, se calla. Al hombre, no lo crea nombrándolo, lo hace enmudecido con tierra, luego, en la oscura marcha, siempre silencioso, crea también con tierra a todos los animales. Todo eso está sin nombre. He aquí los versículos: “Entonces Yahvé Elohim forma del suelo todos los animales de los campos y todo pájaro de los cielos, les trajo hacia el hombre para ver cómo los llamaba y para que todo animal vivo tenga por nombre aquel por el que el hombre lo llamaría. El hombre gritó pues el nombre de todos los ganados, los pájaros de los cielos, todos los animales de los campos. ” Todo eso tiene un nombre. Se nombra toda esta arcilla corruptible como se nombraron los grandes incorruptibles, la noche, luminarias. El Middrach Rabba informa, por boca de Rabbi Acha, que los ángeles, éstas especies de iluminados, tuvieron celos y dijeron: ¿“Este hombre, qué autorización tiene? ¡- Su sabiduría es mayor que las nuestras! - El Santo bendito hizo entonces desfilar el ganado, los animales salvajes y a los pájaros ante los ángeles preguntándoles siempre: ¿Éste, cuál es su nombre? No supieron. A continuación los hizo desfilar delante del hombre preguntándole siempre: ¿Éste, cual es su nombre? Y Adán respondió: Éste toro, aquél asno, éste caballo, aquél camello”.

Éste zorro, aquél morio.

Dios no dice nada. Está tácitamente de acuerdo.

 

   Moscú, 1 de febrero de 1928. Es por la tarde, la nieve, la noche. Abandona la ciudad. Ha sido completamente engañado. Todo se va a pique, las mujeres, el marxismo-leninismo, el mesías averiado, Goethe y Baudelaire que son unos charlatanes. El pensamiento es un señuelo, es una inextricable palabrería que cae del cielo como cae una piedra. Todo a pique: Marx y los ángeles, el tigre y la carpa, los muros de Jericó y los del Palacio de Invierno, no se les puede sostener juntos, están en pedazos dispersos sobre la nieve. Se es un charlatán, la dialéctica es un truco de almanaque para engordarlo, reactivar la cadena de Babel, se debe callar. Asja, a la que ama y no ha tocado durante dos meses, que le hizo perder el tiempo y servirle como un perro, Asja se dignó venir para la despedida, está aliviada de quitarse esa carga. Llamó un trineo por teléfono, Benjamin sube en el trineo. El trineo desliza. Asja permanece allí sobre la acera y hace señales. “Respondí, desde el trineo, con gestos. Al principio, pareció ir dándose la vuelta, ya no la he vuelto a ver. Con la gran maleta sobre mis rodillas, fui llorando, por las calles crepusculares, a la estación”. Así se acaba el Diario de Moscú. Se puede imaginar que ha llegado a la estación con tiempo. Sin embargo el tren ya está allí, está vacío. Monta en él. La pesada maleta con sus libros, su dialéctica de plomo, se alza junto él, algo es algo. Está sobre el banco de madera, congelado, muy ocupado del pequeño brasero de sus lágrimas. Se ha quitado las gafas para llorar. Está doblado, la cabeza y los hombros hundidos, nada podrá enderezarlo. Es esclavo en Egipto. Este banco de madera vacío ante él, es su desdicha. Estos halos amarillos de las farolas sobre el muelle vacío, es su desdicha. Estas pequeñas formas oscuras que se agitan a sacudidas sobre el muelle vacío, que saltan y se agitan en la nieve, que ve mal, no pueden ser sino su desdicha también. Vuelve a ponerse sus gafas. Observa con determinación las figuras que andan en el boquete amarillo de la farola. Ya no llora. Dice: cornejas. Cornejas manteladas. Krähe, Nebel Krähe. En checo, es kavka. Está en el claro del primer lenguaje. Se endereza. Es un hijo de Adán. Puede volver a empezar, va a empezar de nuevo, - la filosofía alemana, Goethe, el Mesías.

                                                                                             Pierre Michon

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5 comentarios

Herri -

Primero gracias, y segundo perdonad nuestra torpe taducción, pero es que teníamos más ganas de Michon y ya no nos quedaba nada que llevarnos al paladar traducido al castellano.

Que bien lo dices en cuatro palabras Charles, así veo yo la escritura de Michon y así lo leo, pausadamente.

Vered -

Muchas gracias a los tres, teneros aquí es sentir el calor de la amistad. Aunque sea un poco plasta leer el texto de Michon, nos apetecía compartirlo con vosotros. Haremos lo que podamos para mantener el jardín paseable.
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Charles de Batz -

Siempre me ha gustado el modo de escribir de este hombre: primero dice; luego, explica. Así encuentro muchos de sus párrafos y los recorro pausadamente, sabiendo que lo vale en ellos es la palabra hecha imagen.

Buena elección queridos amigos y, como los que escriben ut supra, espero que este sea el último salto antes de emprender un nuevo y largo vuelo por la blogsfera.

Salud, queridos amigos

Salamandra -

Otro renacer a base de recordar lo que se aprendió de pequeño.

Yo también me alegro.

anarkasis -

me da mucha alegría, reencontraros queridos amanuenses, y jardineros, y entomólogos y botánicos,... ¡como os hecho de menos!, desde que os habeis convertidos en inesperados posteleros,..
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