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De Vere y Herri Gardens

BOMARZO ( I )

         

         

             Yendo al raque por las playas de nuestras islas literarias hemos vislumbrado la enorme boca de un orco abierta a esa obra maestra de Manuel Múgica Lainez.

          Cuando fuimos a contemplar las ruinas de Bomarzo el guardián nos habló de un extraño escritor sudamericano que un día llegó allí, se instaló en aquel palacete y residió durante semanas y semanas en él; el enigmático hombre, según él, descendía todas las mañanas y en una libreta apuntaba sin descanso en letra menuda todo lo que aquellas corrompidas piedras le pronunciaban: Algo así como un Moisés poseído por el Verbo divino en las alturas sinaíticas. Nosotros sabíamos que M. Múgica Lainez apenas había permanecido unas horas en Bomarzo.

           Esta semana celebramos San Manuel M.L.

 

“Durante veinte sesiones, que se realizaron en el palacio Emo, tomó cuerpo en la tela el retrato destinado a ser tan famoso. El artista compuso una parte importante del trabajo –cuanto concierne a los elementos que rodean a la figura- sin mi presencia. Esos elementos alcanzan una jerarquía fundamental en el cuadro, y son característicos del gusto de Lotto por los símbolos. La lagartija que hay en la mesa, sobre el chal azul –la lagartija sexual de Paracelso, que el pintor descubrió en mi cámara del palacio -,el manojo de llaves, las literarias plumas, los pétalos de rosa esparcidos junto al libro que ojeo, y, detrás, en el mismo plano donde se advierte mi gorra con la medalla de Cellini, esas alegorías inesperadas: el cuerno de caza y el pájaro muerto, fraternizan en la obra de Lotto con los objetos misteriosos – la áurea garra, la lámpara, el minúscula cráneo, las marchitas flores, el ramillete de jazmines y las alhajas- que aparecen en otras efigies suyas. Lorenzo procedía así, por alusiones, por cifras, por incógnitas. En torno de cada imagen suscitaba un mundo enigmático, sugerido. Y eso se ve, más que en ningún retrato, en el que me pintó.”

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6 comentarios

ladydark -

Como el título del post me hace pensar que habrá por lo menos otro sobre este tema (avispada que es una), no voy a destriparle nada a los naúfragos, perdidos hoy en un jardín de monstruos salvadores, sólo una frase muy corta "El amor no había sido para mi eterna angustia el descubrimiento de otro sino el olvido de mí mismo."

Vere -

Con los nervios no he puesto el apodo. Gracias también a Vailima , es una página muy completa.

Anónimo -

Ya sé que me repito, pero es cada día un placer compartir con vosotros los libros o las vivencias que nos han hecho como somos. No se me ocurre una metáfora mejor que la que propone Ladydark: niños perdidos en el jardín de Bomarzo entre monstruos benignos sin los que no podríamos vivir.

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Vailima -

un análisis de la obra para quien quiera:
http://www.eluniversal.com/verbigracia/memoria/N183/apertura.shtml

Charles de Batz -

Siempre he considerado muy importante el recorrido interior por el que te lleva esta lectura. En cierta manera, tiene mucho que ver con aquellos mundos imaginarios que crean los grandes autores, o con esa colonización emocional que todos hacemos de nuestro entorno, y que a nosotros como al Duque nos pasa que:

"... mis idas a Bomarzo (...) me ayudaron a explorar y descubrir lo mejor de mí mismo: la capacidad de disfrutar de la hermosura y de hallarla donde para los demás se encubría, como ausente, en una columna, en un arco..."

ladydark -

Cada día que abro vuestros cuadernos, de una forma u otra, me encuentro en lugares comunes, en tiempos compartidos. Hoy no voy a poner ningún poema, ni una frase, tan sólo un recuerdo personal. Hace unos años alguien me dijo que yo le recordaba una niña perdida en Bomarzo bajo la lluvia de otoño. Hasta ese día nunca había oido hablar de Bomarzo. Despues busqué sus jardines y me enamoré de ellos, por el simple paseo de vista por sus imagenes. Directamente relacionados con esos jardines,encontré la obra de Múgica Laínez, al que conocía como traductor de Shakespeare, la compré y la leí avidamente. Puedo decir que es una de las novelas que mayor impacto me han causado, de esas que te dejan pegadas a las manos sus hojas y aunque quieras no puedes escapar de ellas. Los Orsini formaron parte ya para siempre de mi universo personal.El siguiente paso, como en un camino inciático fue conocer los jardines que tanto había anhelado. No quedó ningún resquicio por cubrir y cuando fui, sentí que había cerrado un circulo. Hoy tengo la impresión de que tal vez era una espiral...
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