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De Vere y Herri Gardens

LA HUELLA DEL ASFODELO (III)

LA HUELLA DEL ASFODELO (III)

          Reían los náufragos las ironías de una Woolf que suena alegre y apasionada, y que salpican toda la narración, sobre todo cuando llama en su ayuda a los lectores “capaces de transmutar nuestro mero susurro en una inconfundible voz”, o describe la manía literaria de Orlando:  

          “De chico, los pajes lo sorprendían leyendo a la medianoche. Le quitaban la vela, y criaba luciérnagas que ayudaban a su propósito. Le quitaban las luciérnagas y casi prendió fuego a la casa con una mecha. Para decirlo de una vez (dejando al novelista la tarea de alisar la seda arrugada y sus complicaciones), Orlando era un hidalgo que padecía del amor de la literatura. Muchas personas de su tiempo, escapaban al mal y quedaban en libertad de correr, de cabalgar o de enamorarse a su gusto. Pero a algunos los contaminaba un germen nacido del polen del asfódelo, traído por los vientos de Grecia e Italia, y de naturaleza tan perniciosa que detenía la mano lista para el golpe, velaba el ojo que buscaba su presa y entorpecía la lengua que estaba declarando su amor. La fatal naturaleza de ese morbo sustituía a la realidad un fantasma, de suerte que Orlando, a quien la fortuna había otorgado todos los dones –platería, lencería, casas, sirvientes, alfombras, camas en profusión-, no tenía nada más que abrir un libro para que esta vasta acumulación se hiciera humo. Desaparecían los nueve acres de piedra que eran su casa; se evaporaban los ciento cincuenta sirvientes; se volvían invisibles los ochenta caballos de silla; sería prolijo enumerar las alfombras, divanes, tapicerías, porcelanas, platerías, vinagreras, calentadores y otros bienes muebles, a veces de oro macizo, que se desvanecían bajo la misma como niebla marina. Así era, y Orlando se quedaba solo, leyendo, un hombre desnudo.” 

         -El germen del asfódelo...dijo V. -Para mí fue primero la palabra o, mejor una frase, “Las praderas de asfódelos”, la que cambió mi forma de ver lo que me rodeaba y, fue también Virginia Woolf la que me la regaló.

- Hasta entonces yo había jugado con las varas de San José, como las llamábamos (su nombre popular es gamón), habíamos hecho frágiles espadas con los escapos ya secos, más altos que nosotros; habíamos desenterrado las cebollas o recogido las flores que blanqueaban las laderas al comienzo de la primavera. Estaban ahí como un pariente o algo que, de tan conocido, casi ni se ve, pero de pronto ocurre que se llaman asfódelos y que son un emblema del mundo clásico. Como dice ella, una niebla había caído sobre las cosas que me rodeaban y que ya no volverían a ser iguales-. H. le escuchaba sonriendo: -¡Qué envidia!, mi experiencia con esta novela es muy distinta-.

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7 comentarios

Vailima -

Ya tengo noticias de él. Está bien.

Vere -

Vailima,, lo siento pero no sabemos nada del Jafa, imaginemos lo mejor. No comento más que se nos acaba lo que queda de post, pero esa es la idea.

ladydark -

Perdonar que insista sobre el tema de la lectura (cuando me da, me da ...). Tenía en la cabeza alguna imagen de la Woolf en otro libro que me traía a la memoria la desaparición del mundo que nos rodea cuando leemos. Al llegar a casa he buscado, esta en "Al faro":
"Tampoco sabía nadie en qué pensaba. Pero se quedaba absorto, de forma que cuando levantaba la mirada, como acababa de hacer fugazmente, no era para ver nada, era para fijar más adecuadamente algún pensamiento. Una vez hecho esto, su mente regresaba volando a zambullirse en la lectura. Leía, pensaba ella, como si llevara el rumbo de algo, o como si cuidara de un rebaño de ovejas, o como si ascendiera por un estrecho sendero; a veces iba aprisa y directo, y se abría camino por la maleza; otras veces parecía que una rama lo golpeaba, una zarza lo cegaba, pero no dejaba que eso lo intimidara; seguía avanzando, pasando una página tras otra."
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Vailima -

Perdonad por desviar el tema pero ¿alguien sabe algo de Jafatron?
me tiene preocupá

Charles de Batz -

Es que hay quien hasta doblando el papel tiene arte...

Salud

ladydark -

Despues de que anarkasis ya ha sacado habilmente las praderas que florecen en las letras homéricas, sólo puedo añadir que me encanta "solo, leyendo, un hombre desnudo." Asi creo que nos hemos sentido alguna vez todos los ávidos lectores.

anarkasis -

pue si, todos los que bajaron a dialogar con los muertos hubieron de atravesar esas praderas, todo un guiño que a un buen jardinero no se le podía escapar,

por cierto, ¿ves como lo deja desnudo? ¡menuda es la Woolf!

(estareis regando ya los epicenos obligados cantarines y regordetes,...)
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