De Vere y Herri Gardens |
![]() |
|
|
Parece que fue ayer, pero hace ya un año que publicamos el último post, y decíamos que nunca habíamos pensado que el blog se fuera a mantener esos cuatro años. Es cierto que tampoco pensábamos estar todo este tiempo sin publicar. Volvimos a los jardines abandonados por casualidad, hace unos días por una dedicatoria de un amigo y decidimos que había que publicar antes de terminar el mes de abril y, en eso estamos, recuperando alguna de las ideas que se han quedado atrás, demasiado flojos para desarrollarlas. Ya ni recordamos como apareció por primera vez, pero cuando leímos sobre los “desire paths” o “sentier du desir” nos pareció una de esas ideas que venían a llenar un hueco, que te rondan pero no les encuentras palabras. Creemos que fue Gaston Bachelard quien habló por primera vez de desire paths en los años 50 en su libro “La poética del espacio” para nombrar esos senderos trazados por la erosión que se produce al pasar personas o animales y que representan el camino más corto o más fácil entre dos puntos. El término se ha usado sobre todo en relación con el espacio urbano, para expresar la relación entre los espacios planificados y como se viven, como se usan en el día a día. Hay páginas dedicadas a fotografiarlos, pero para nosotros es algo más, metáfora de otra cosa, por ejemplo, lo que hacemos ahora, fuera de cualquier obligación salvo con nuestro placer. De todas maneras, siempre nos ha gustado patear trochas, buscar las veredas hechas por el paso de personas y bestias tantas veces repetido, conocerlas es saber que no vas a luchar con zarzas y peñascales y recuperarlas cuando las has perdido, una alegría sencilla y viva. Nos decimos que los senderos son como las huellas del amor, las carreteras heridas o, en todo caso, cicatrices. Tenemos por aquí cerca un divertido ejemplo de cómo la razón a veces se confunde, La Carolina que se fundó en el siglo XVIII por el ilustrado Pablo de Olavide, es un ejemplo de espacio urbano bien planificado, pero los caminos del término los hicieron igual, a escuadra y cartabón, con lo que suben a veces por laderas tan empinadas que los hacen poco practicables. Todo esto para deciros que esperamos continuar un tiempo más caminando en vuestra compañía, que nos apetece, y que los caminos hay que andarlos, que si no se pierden. Llega Abril y el blog cumple años, o cumplimos nosotros. Si en un principio era descubrimiento, novedad. Ahora ya tiene algo que se ahorma con los ciclos agrarios. Vuelve Abril y vuelven a florecer los espinos y las lilas, vuelve a cantar el cuco y los vestidos de tirantes. Vuelve la pregunta que tantos se han formulado : ¿Volveremos nosotros?, Quizás cada año nos importe un poco menos, pero hay cosas como algunas lecturas que nos ayudan a mantenernos vivos e inquietos. Hoy es Apollinaire el que ayuda con un poema que parece extrañamente apropiado. Comienza así : El sol ese día se mostraba como un vientre materno Que sangraba lentamente sobre el cielo La luz es mi madre oh luz ensangrentada Las nubes se deslizaban como un flujo menstrual En la encrucijada donde ninguna flor sino la rosa De los vientos mas sin espinas que no ha florecido el invierno Merlín acechaba la vida y la razón eterna Que hace morir y después renacer el universo Le soleil ce jour-là s’étalait comme un ventre Au carrefour où nulle fleur sinon la rose Hermosamente se vincula aquí Apollinaire con el Merlín de las leyendas medievales que, como él, era hijo de nadie y que, al final de su vida se dejó encerrar en « una tumba de aire » bajo unos espinos floridos por amor a Viviane. Lo refiere así : Je n’ai jamais cueilli que la fleur d’aubépine Et j’ai vieilli vois-tu pendant ta vie je danse Et leurs mains s’élevaient comme un vol de colombes Qu’il monte de la fange ou soit une ombre d’homme La dame qui m’attend se nomme Viviane Tendido entre la mejorana y la fárfara, me eternizaré bajo el espino en flor. ¿Qué más se puede pedir ? Y la florida carcel de aire, una buena imagen de nuestra permanencia en este blog, encerrados aquí por nuestro gusto para estar en vuestra compañía. La memoria se dispara de la forma más inesperada, y en esta ocasión fue al comentar la lectura de un libro de Perec, el gabinete de un aficionado que se va desarrollando en torno a un cuadro : Lester Nowak emprendía después un análisis detallado del cuadro de Heinrich Kürz, mostrando cómo el joven pintor, para responder al encargo particular de Hermann Raffke, había elaborado una obra que era en sí misma una «verdadera historia de la pintura», «de Pisanello a Turner, de Cranach a Corot, y de Rubens a Cézanne»; cómo había opuesto a esta continuidad de la tradición europea su propio itinerario haciendo figurar sobre la tela diversas obras de la escuela americana (y germano-americana) de la que procedía directamente; y cómo, al fin y sobre todo, había puesto de manifiesto doblemente la importancia estética de este proceso reflexivo sobre su situación de pintor, por una parte, representando en el centro de la tela el propio cuadro que se le había encargado (como si Hermann Raffke, su colección, viera el cuadro que le representaba mirando su colección, o más bien como si él, Heinrich Kürz, pintando un cuadro que representaba una colección de cuadros, viera el cuadro que estaba pintando, a la vez fin y principio, cuadro en el cuadro y cuadro del cuadro), «trabajo de espejo al infinito donde, como en las Meninas o en el Autorretrato de Rigaud conservado en el museo de Perpignan, el mirado y el que mira no cesan de enfrentarse y confundirse»; y, por otra parte, incorporando en el interior de estos reflejos en el segundo, en el tercero y en los enésimos grados, dos de sus propios cuadros, uno, obra de juventud, que Raffke le había comprado hacía unos años, el otro, un trabajo en proyecto desde hacía mucho tiempo pero aún en estado de esbozo, y cuya «reproducción ficticia» era «en pequeño» como la anticipación de su futuro «resultado». V tuvo la nítida vision de un niño vestido con una bata escolar a rayas blancas y azules que jugando en el destartalado almacén de la vieja botica, entre morteros y olorosos paquetes de extrañas sustancias etiquetadas con nombres que hacían soñar –sen, casia, ipécacuana- con las cajas de botellas de aguas médicinales que se apilaban en el almacén de la botica, y ante la imagen de un hombre con ropajes vagamente dieciochescos que abraza con amor beodo una botella más grande que él y que repite la imagen, aparentemente sin fin, por primera vez se enfrenta con el vértigo que produce el infinito. H también creía recordar la primera vez que sumergido entre dos espejos paralelos, su imagen se hundía en el abismo. El abismo de las infinitas repeticiones, la posibilidad de que el confortable suelo ceda ante la sombría marea, por supuesto Borges, su Aleph que era el Aleph : «…vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo. » ¿en qué se diferencian todos nuestros esfuerzos y nuestras luchas por conseguir lo sublime del manoteo torpe de un lactante que hiere a la nodriza que lo alimenta? Hace unos días que V y H abandonaron sus aislados refugios y estuvieron por Madrid, aprovecharon para quitarse el pelo de la dehesa recorriendo exposiciones. Estuvieron en la Juan March disfrutando de los dibujos y acuarelas de Caspar David Friedrich. Ahí se quedó el asunto, pero al leer Muñoz Molina les sorprendió las miradas tan distintas que habían tenido sobre el mismo asunto. Él lo vincula con otro tema muy querido para ellos, dos viejos errantes al fin y al cabo, el Viaje de Invierno de Schubert, e imagina como el viajero se detiene para dibujar de forma minuciosa las cosas que le van llamando la atención a lo largo del camino. Decía V que para él no había sido tanto esa labor de levantar amorosa acta de las rocas, árboles o campesinos lo que le llamó la atención sino que en los dibujos de Friedrich se pueden observar “in statu nascendi” como nos decían en química, con la frescura de lo recién nacido, los temas que luego se van a repetir hasta la nausea y de los que seguimos cautivos. H apostilla que cascadas, árboles secos, ruinas se fijaron como pintorescos y ahí se han quedado ya convertidos en clichés, y que si Friedrich es el pintor de lo sublime en sus oleos, en sus dibujos recoge lo bello, que luego encaja como elemento de una escenografía y que en aquella época se fijaron los conceptos de lo bello y lo sublime de los que el propio Friedrich sería exponente destacado. Sentados en un café, miran el paso de la gente como olas en la playa, mientras divagan en torno a Kant, a los primeros románticos alemanes, Schiller, Hoffmann hasta llegar a Adorno. V recuerda que En la Iglesia de los Jesuitas de G., incluido en Nocturnos, Hoffmann relata la historia de un pintor, su búsqueda de lo sublime, los mil sacrificios y trabajos que realiza y como lo encuentra a través de la visión inefable de una bellísima mujer que le inspira para conseguir ¡al fin! : Allí, en esta gruta, estaba sentado un día, martirizado por el ardiente anhelo que desgarraba su pecho, y derramando cálidas lágrimas para que los astros del cielo tuvieran a bien iluminar su oscuro camino; entonces oyó un ruido entre los arbustos, y la figura de una mujer de extraordinaria belleza apareció delante de la gruta. Todos los rayos del sol caían sobre su rostro celestial…Me observaba con una mirada indescriptible…Santa Catalina…No, más que ella: Mi ideal, ¡Era mi ideal…!...Caí de rodillas loco de entusiasmo, ¡Entonces la figura se desvaneció sonriendo amablemente…! ¡Mi más ferviente oración había sido escuchada…! ….Las lágrimas brotaron de sus ojos. “…¡Amigo..amigo! –balbuceó-. ¡Soy féliz…Soy dichoso! ¡La he encontrado, la he encontrado” . Rápidamente se marchó a su taller, tensó el lienzo y comenzó a pintar. Como animado por una fuerza divina, creó como por encanto, con todo el calor de la vida, a la mujer sobrenatural, tal como se le había aparecido. A partir de aquel momento todo se transformó en su interior. En lugar de la tristeza que había consumido su corazón, surgieron en él la dicha y la alegría….Empezó a pintar algunas obras mayores que asombraron a todos los expertos. El problema surge cuando conoce a la persona real, cuando se encarna su aparición en una aristócrata a la que salva y que, naturalmente, se enamora de él. Después de muchas peripecias, el pintor descubre que estar casado con su ideal le impide cualquier tipo de creación, y el final del relato se intuye bastante violento. El porqué de aquellos polvos sublimes han quedado los lodos de lo banal y comercial, de las riadas de turistas que recorriendo caminos en busca de la belleza, encontramos el tópico y el chiringuito, es lo que se acaban preguntando. Todo empezó cuando una amiga me envió un poema que le recitaba a sus hijos cuando eran pequeños: “Le chat et le soleil”: Le chat ouvrit les yeux Le soleil y entra. Le chat ferma les yeux Le soleil y resta. Voilà pourquoi le soir Quand le chat se réveille J’aperçois dans le noir Deux morceaux de soleil Este poema me trasladó la nítida imagen de una madre joven que canta a sus hijos una canción de cuna antes de dormir. Los sencillos y transparentes versos de Maurice Cârenne fueron el comienzo, algo así como la primera campanada de un carillón y me trajeron a la memoria el poema de Lorca que era la canción preferida de mis propias hijas El lagarto está llorando. El lagarto y la lagarta Han perdido sin querer ¡Ay, su anillito de plomo., Un cielo grande y sin gente El sol, capitán redondo, ¡Miradlos qué viejos son! ¡Ay cómo lloran y lloran. Continuó al día siguiente al ver una película "La mala semilla" The bad seed (Mervin Leroy, 1953), en ella, una niña malvada toca al piano de forma obsesiva la conocida canción infantil "Au claire de lune" que suena de forma inquietante a lo largo de la película e incluso, en la versión original y antes de que la imposición de la censura la cambiara, en la escena final, se la veía interpretándola. Es una curiosa película de tesis, en la que frente a las teorías psicoanalíticas en boga en la época, propone la herencia como causa del mal. Es la historia de una encantadora señora de vida agradable y acomodada, casada con un oficial del ejército y con una hija perfecta, guapa , de trenzas rubias y la primera de la clase. Asistimos a su horrorizado descubrimiento de que la hija perfecta es una asesina amoral y que ella lleva dentro de sí la semilla de la maldad. En esta segunda campanada, el tañido es siniestro. Quizás no sea la primera vez que se usaron las canciones infantiles en el cine con el fin de crear un atmósfera inquietante, pero llama la atención que sea la más popular comptine francesa, de incierto pero antiguo origen, que los niños de todo el mundo han cantado por generaciones. Como ocurre con frecuencia en las canciones infantiles, el texto puede parecer absurdo y se sabe poco de su sentido original La música se atribuye con frecuencia a Lully y la letra se dice que pudiera estar relacionada con las dificultades sexuales de Luis XVI. Unos días más tarde me llega una hermosa carta de un amigo que me trae otra canción infantil. Viene con un recorte de un artículo de Bernardo Atxaga “El misterio de los cuatro pájaros” sobre una canción infantil vasca muy popular que comienza “txantxangorria txantxte” –el petirrojo canta- en el que habla de cuatro pájaros: el petirrojo, el reyezuelo, el zorzal y el mirlo y que aparentemente no tiene sentido, él relata como lo fue buscando hasta hilvanar una relación con el paso de las estaciones, del que los pájaros serían una metáfora. Charlando con otro amigo, hablamos de “Mambrú se fue a la guerra” o Marlbrough s’en va-t-en guerre, compuesta en la época de la guerra de secesión española a principios del S XVIII. Si lo pensamos, la crueldad de la letra-se ríe de la angustiosa espera de la vuelta de un soldado tras una batalla- no ha sido óbice para que tantos niños la hayamos cantado. Otra amiga me cantó “La viudita del conde Laurel” que es muy antigua y que se ha utilizado como canción de corro probablemente desde la edad media. El tema debía ser tristemente real, tantas mujeres, casi niñas que quedarían viudas, pero la canción es graciosa y el juego divertido. Cuando escuchando en un viejo disco de vinilo el impromptu 192 nº 2 de Schubert, creí reconocer las notas del romancillo, me sorprendí aunque probablemente es conocido. En todo caso Schubert capta perfectamente la ingenua belleza del tema infantil y el impromtu es un prodigio de aparente sencillez, de gracia y de elegancia. Me parece que esta música resume lo que torpemente he querido contar aquí. No, no vamos a hablar del Tibet, es el nombre, nada convencional, que le pusieron sus padres, un profesor de literatura mexicano y una fotógrafa y actriz estadounidense, nada convencionales ellos tampoco. Lhasa de Sela pasó su infancia y adolescencia recorriendo el sur de EEUU y Mexico junto con sus tres hermanas, tres hermanastras y tres hermanastros, en un viejo autobús escolar reconvertido en caravana y vivienda; una educación nada convencional, arte, literatura, música…, televisión prohibida. Posteriormente viaja a Canadá con sus tres hermanas que trabajan en el Circo del Sol; allí graba su primer disco, algo poco convencional, pues lo hace volviendo a sus orígenes y haciéndolo en español. En su segundo disco canta en inglés, español y francés, pues también ha viajado a Francia con otro circo. Nosotros la descubrimos con su tercer disco, editado este año, el disco que parece consagrarle y que encontramos más maduro que los anteriores. Sobre él no os contamos nada, aquí lo dejamos para quien lo quiera escuchar. V. y H. leían hace un tiempo la necrológica del crítico literario Rafael Conte y comentaron los buenos ratos que habían pasado con su lectura y con el gusto que esperaban su crítica de los sábados. En el mismo artículo había un enlace a una crítica de Conte sobre Pierre Michon, a estas alturas ya han olvidado si fue él el que les hizo leer el primer libro de Michon, pero sólo por eso, ya le están agradecidos para siempre. les apetece seguir con Michon y encuentran un texto suyo, breve pero deslumbrante "trois noms de bêttes pour W. B.." y se aplican a traducirlo mal que bien. Ahora lo colocan aquí porque cada vez se ven más como los Bouvard y Pecuchet de la red, y que ejercer de amanuenses es lo suyo. Encontré una mariposa, hace mucho tiempo. Hace mucho tiempo que la perdí de vista, aparece poco, creo que es una de estas especies que se extinguen lentamente. No recuerdo haberla encontrado nunca escrita en la literatura. La había olvidado. Volvió de nuevo en Walter Benjamin. Volvió de nuevo brutalmente en la página 25 de “Una infancia berlinesa”, las migajas de los recuerdos de un pequeño Walter Benjamín ya viejo. Caza las mariposas, durante las vacaciones, en Postdam, sobre el Brauhausberg que es un bosque, una colina. Sobre esta colina, escribe que es un monte embebido de azul que se levantaba en verano para recibirlos, a sus padres y a él. Dice que el Postdam de su infancia es un aire azul sobre el que las mariposas, tan diferentes según su especie, los morios y los vulcanos, las vanesas, aparecen como una lengua extranjera escrita sobre las paredes azules del Jerusalén que se ve en los sueños. Es una gran mariposa. Vive en los bosques. Es una rareza. No se le ve nunca, y de pronto solamente la ves a ella. La primera vez, desemboca en un claro, levantas los ojos y allí arriba pasa con un vuelo rápido y potente, más de gran pájaro que de mariposa, determinada, con amplia batida. Tiene un objetivo, algo nada frecuente en las mariposas. Va con determinación hacia esa meta, allá va. Rápidamente desapareció. Crees que nunca se la volverá a ver. Siendo un pequeño muchacho en el bosque, a mediados de los años cincuenta. Un día se la vuelve a ver. Es también en un claro, pero esta vez con la cabeza bajada. Está posada, se habría podido pasar por encima. No está sobre flores, está en el suelo, en el monte bajo, abierta y quieta. Sabes que es ella, la reconoces, no por sus colores que apenas se percibieron cuando estaba en lo alto, sino por su paso categórico y decidido, por su resolución, su confianza. Está posada sobre el musgo. No se posa como una mariposa - todas lo hacen como ladronas, culpables que quieren pasar inadvertidas. No, ésta se posa a la vista, como una autoridad, como una reina, y permanece allí desplegada sin moverse, interminablemente. Se le podría pasar por encima, no le importa, es una reina. Se ve bien su abrigo de terciopelo marrón con un borde crema, lágrimas azules. Es hermosa, pero no es eso. El pequeño no la admira, no la contempla, no tiene siquiera el deseo de poseerla o de reducirla a migajas. El pequeño reflexiona a toda velocidad. Busca el nombre de esta mariposa. Nunca se lo ha aprendido. Lo sabe, debe saberlo, sabe que lo sabe desde que nació. El claro, el ruido de los árboles, el lugar el Bois-du-Breuil dónde tiene lugar la acción, todo le pide este nombre. Todo dice: Es un aliado. Deposita su reino a tus pies. Di su nombre. El pequeño no sabe. Más tarde, en una librería, se atreve a comprar un pequeño libro sobre las mariposas, en la calle lo hojea temblando. Está allí con su abrigo marrón, en la página 42 ó 75. El muchacho reconoce bien el abrigo, y el nombre también lo reconoce hasta cierto punto. Adán lo nombró. Un naturalista en 1762 lo nombró, o escribió por primera vez el nombre que Adán le había dado. Es el morio. Ésto es: morio. El niño dice: el morio. Se lo dice a los coches que pasan por la calle donde tiembla delante de la página abierta. Dice este nombre de nuevo a cada parada del autobús, y cuando el autobús circula también lo dice. En casa no se lo dice a su abuela que cocina la sopa. Lo dirá mañana a la mariposa en el Bois-du-Breuil. No vuelve a ver nunca más la mariposa. Ocurre que los muchachos sean imprudentes, se van de la lengua, dicen el nombre a cualquiera, a su abuela, al profesor, a un amigo. Éste lo repite a otro, que lo repite a su vez. Cada uno lo transmite, para hacerse valer, para discutir o demostrar, para charlar. Rehacen la cadena de Babel: pasando de uno a otro, a la abuela que habla patois y sorda, al maestro de escuela distraído que lo entiende mal, a los amigos fabuladores, el nombre se desvirtúa, se deforma, se convierte en irreconocible, aunque al fin y al cabo el pequeño Walter Benjamin, que vive lejos, lo reconoce bajo la forma: Trauer Mantel. Qué más da: el morio y el Trauer Mantel, son el mismo nombre. Es en otro claro, extenso éste, un prado aislado en el bosque, donde vi otro animal incuestionable, mucho antes del tiempo del morio, cuando mi madre me llevaba aún de la mano. Llevábamos manoplas, era el pleno frío invierno, la nieve cubría el prado. Paseábamos por el bosque. Un animal afilado y rojizo pasó al galope por este prado blanco, un meteoro. Mi madre dijo: “Un zorro”. Lo dijo para sí mismo, como de muy lejos, pero gritando. A través de nuestras manoplas, su mano temblaba de excitación. La mía también. ¿Qué tiene pues, el zorro, para que al pronunciar su nombre nos trastorne así? El prado, el bosque, el invierno, la nieve, - el niño siente que siempre han estado allí con su nombre, es Dios quien los nombró. Eso pasó antes de nosotros, antes de nuestro tiempo, nosotros no tenemos nada que decidir sobre ello. El zorro, si. Decidimos. Cuando pasa, hay que decir su nombre. No se sabe dónde está el claro donde Dios puso a Adán para hacer desfilar ante él todos los animales creados. Pero se sabe con certeza que es en el capítulo dos del Génesis, en los versículos 19 y 20, cuando Adán se pone a hablar. Es este día en el que el hombre se sirve de su lengua por primera vez. Hasta entonces Dios solo nombró, y creó nombrándolos, el día y la noche, las montañas, las aguas y las grandes estrellas. Luego cambia de técnica, se calla. Al hombre, no lo crea nombrándolo, lo hace enmudecido con tierra, luego, en la oscura marcha, siempre silencioso, crea también con tierra a todos los animales. Todo eso está sin nombre. He aquí los versículos: “Entonces Yahvé Elohim forma del suelo todos los animales de los campos y todo pájaro de los cielos, les trajo hacia el hombre para ver cómo los llamaba y para que todo animal vivo tenga por nombre aquel por el que el hombre lo llamaría. El hombre gritó pues el nombre de todos los ganados, los pájaros de los cielos, todos los animales de los campos. ” Todo eso tiene un nombre. Se nombra toda esta arcilla corruptible como se nombraron los grandes incorruptibles, la noche, luminarias. El Middrach Rabba informa, por boca de Rabbi Acha, que los ángeles, éstas especies de iluminados, tuvieron celos y dijeron: ¿“Este hombre, qué autorización tiene? ¡- Su sabiduría es mayor que las nuestras! - El Santo bendito hizo entonces desfilar el ganado, los animales salvajes y a los pájaros ante los ángeles preguntándoles siempre: ¿Éste, cuál es su nombre? No supieron. A continuación los hizo desfilar delante del hombre preguntándole siempre: ¿Éste, cual es su nombre? Y Adán respondió: Éste toro, aquél asno, éste caballo, aquél camello”. Éste zorro, aquél morio. Dios no dice nada. Está tácitamente de acuerdo. Moscú, 1 de febrero de 1928. Es por la tarde, la nieve, la noche. Abandona la ciudad. Ha sido completamente engañado. Todo se va a pique, las mujeres, el marxismo-leninismo, el mesías averiado, Goethe y Baudelaire que son unos charlatanes. El pensamiento es un señuelo, es una inextricable palabrería que cae del cielo como cae una piedra. Todo a pique: Marx y los ángeles, el tigre y la carpa, los muros de Jericó y los del Palacio de Invierno, no se les puede sostener juntos, están en pedazos dispersos sobre la nieve. Se es un charlatán, la dialéctica es un truco de almanaque para engordarlo, reactivar la cadena de Babel, se debe callar. Asja, a la que ama y no ha tocado durante dos meses, que le hizo perder el tiempo y servirle como un perro, Asja se dignó venir para la despedida, está aliviada de quitarse esa carga. Llamó un trineo por teléfono, Benjamin sube en el trineo. El trineo desliza. Asja permanece allí sobre la acera y hace señales. “Respondí, desde el trineo, con gestos. Al principio, pareció ir dándose la vuelta, ya no la he vuelto a ver. Con la gran maleta sobre mis rodillas, fui llorando, por las calles crepusculares, a la estación”. Así se acaba el Diario de Moscú. Se puede imaginar que ha llegado a la estación con tiempo. Sin embargo el tren ya está allí, está vacío. Monta en él. La pesada maleta con sus libros, su dialéctica de plomo, se alza junto él, algo es algo. Está sobre el banco de madera, congelado, muy ocupado del pequeño brasero de sus lágrimas. Se ha quitado las gafas para llorar. Está doblado, la cabeza y los hombros hundidos, nada podrá enderezarlo. Es esclavo en Egipto. Este banco de madera vacío ante él, es su desdicha. Estos halos amarillos de las farolas sobre el muelle vacío, es su desdicha. Estas pequeñas formas oscuras que se agitan a sacudidas sobre el muelle vacío, que saltan y se agitan en la nieve, que ve mal, no pueden ser sino su desdicha también. Vuelve a ponerse sus gafas. Observa con determinación las figuras que andan en el boquete amarillo de la farola. Ya no llora. Dice: cornejas. Cornejas manteladas. Krähe, Nebel Krähe. En checo, es kavka. Está en el claro del primer lenguaje. Se endereza. Es un hijo de Adán. Puede volver a empezar, va a empezar de nuevo, - la filosofía alemana, Goethe, el Mesías. Pierre Michon “Más aún, todos somos viajeros con una burra, y lo mejor que nos encontramos en nuestros viajes es un amigo honrado. Afortunado el viajero que se encuentra muchos. Si viajamos es, en efecto para encontrarlos. Son el fin de la vida y su recompensa, hacen que sigamos siendo dignos de nosotros mismos y, cuando estamos solos estamos más próximos a los ausentes” Of what shall a man be proud, if he is not proud of his friends? “¿De qué puede un hombre estar orgulloso si no de sus amigos? De la dedicatoria de “Viajes con una burra” R. L. Stevenson V. y H. preparaban su próximo viaje por el sur de Francia que iba a empezar por les Cévennes. Habían pensado en la Provenza, pero al consultar mapas vieron que estaban muy cercanos y la decisión fue rápida y unánime porque la posibilidad de seguir las huellas del viaje que Stevenson narra en “Travels with a donkey in the Cévennes” o “Viajes con una burra” como se tradujo en España, fue imposible de resistir. Ojear una publicación del parque natural creado en la zona, “Des serres en valats”, les produjo la primera satisfacción aun antes de haber iniciado el viaje. A V. valat tuvo la virtud de hacerle recuperar una palabra que creía una voz dialectal e inculta "balate" que se usa en el sentido de desnivel del terreno, sobre todo laderas de acequias y bancales, por ejemplo: "niño que te va’caer pol el balate", era una palabra de buen castellano. A H., al ver su alborozo, le recordó la misma ingenua alegría que tuvo hace tiempo cuando descubrió que algunas palabras que usaban en sus juegos de niños y que tenía por gritos sin sentido, eran en realidad palabras o fragmentos de ellas en euskera. Corominas le da el significado de "camino empedrado", origen árabe que a su vez lo tomaría del griego, pasando por el latín “palatium” palacio y que Corominas relaciona con el impacto que causarían en los beduinos del desierto las ruinas romanas de Siria . Resulta hermoso pensar que esas construcciones de piedra, de una belleza sencilla y artesana -siempre les había impresionado la técnica de "piedra seca" que con los medios más económicos es capaz de aguantar años y tormentas- fueran nombradas así en recuerdo de lejanas y fabulosas construcciones, viniendo a ser una suerte de palacios campesinos. Venta Nueva, donde todo empezó, es ahora también una cortijada desvencijada casi englobada por una moderna área de servicio, pero para V es el lugar donde por las noches aullaban los lobos al otro lado de la seguridad de las ventanas enrejadas, el lugar encantado donde correr aventuras por los tejados y las buhardillas, donde podías acompañar a los pastores y buscar galápagos por sus arroyos herrumbrosos; recuerdos vagos y a retazos de los primeros años cuando todavía estaba en pie el edificio de la antigua posada, con sus bancos de piedra pegados a las paredes y el hogar central, de los patios y las cuadras y rodeada de la dehesa de encinas. Fue durante la búsqueda de Venta Quemada cuando cayó en la cuenta en lo que significaba el nombre Venta Nueva, la que se construyó en la carretera recién hecha a pocos kilómetros de la antigua, en tiempos del rey ilustrado. Aun tiene una placa en la fachada recordando el tiempo de su fundación. De ellos distingo dos especies: los vampiros de Hungría y de Polonia, que son cuerpos muertos que salen por la noche de las tumbas y van a chupar la sangre de los hombres; y los vampiros de España, que son espíritus que animan el primer cuerpo que encuentran, le dan toda clase de formas, y… El Manuscrito encontrado en Zaragoza Pag 171 Deviens mon Vampire, ami, et chaque nuit, sans trouble et sans hâte, gonfle toi de la chaude boisson de mon cœur. Victor Segalen Donde se comen a los viajeros..mmm, excelente; entraron despues, de nuevo en el Manuscrito encontrado en Zaragoza, con la sensación de estar en territorio conocido pero nuevo a la vez. El viaje iniciático del joven capitán de la Guardia Valona Alfonso Van Worden, que sale por vez primera de su casa en Las Ardenas sin más armas que las leyes del honor, va a internarse en el territorio mítico de Sierra Morena, desde la época de Cervantes lugar donde se suspenden el orden y la razón, que comienza en el valle de los dos ahorcados y se desarrolla en torno a una venta -transcurre entre los placeres del lecho con sus dos primas y el despertar entre los cadáveres-Todo les parece profundamente imbricado en sus vidas -vivir junto al territorio del deseo, en sus márgenes, y les lleva de sorpresa en sorpresa. La pregunta de H las desencadenó, V intentó relacionar la historia de “bandoleros, fantasmas y cabalistas” con los recuerdos de su niñez y se centró en el lugar sobre el que gira la historia, Venta Quemada: “Más me acercaba a la venta y más profundo parecía el silencio. Al fin llegué y vi un cepillo dispuesto para recibir limosnas acompañado de una inscripción concebida en estos términos: "Señores viajeros, tened caridad de orar por el alma de González de Murcia, ex posadero de Venta Quemada. Sobre todo, seguid vuestro camino, y por ningún motivo os detengáis a pasar la noche aquí". Leyeron aquí y allá y vieron que el lugar se había relacionado con una antigua Venta de los Palacios que se encontraba en el viejo camino real y que, al hacer la nueva carretera en tiempos de Carlos III, quedó abandonada. La indicación que tenían era que se encontraba en la margen derecha del río de La Campana; así que una mañana de finales de abril, fresca y florida de jaras y peonías, decidieron seguir el margen del río bordeado de alisos hasta localizarla, y ya cayendo la tarde dieron con un caserón semiderruido, construido en oscura pizarra que parecía cumplir los requisitos; aunque estaba destrozado, envilecido por el uso de majada y cubierto por en algunos lugares por chapas, aun conservaba trazas de haber sido un edificio imponente, sobre todo si te lo imaginabas en medio de aquellas soledades. |
Blog creado con Blogia.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras