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De Vere y Herri Gardens

RIJOS ACADEMICOS

RIJOS ACADEMICOS

                     Es un libro viejo, del año 42. Encuadernado pobremente en gris, de cantos sobados, de esos intonsos que tanto placer da rasgar con el cortaplumas, las letras son rojas y azules, desvaídas. Está iluminado por el escudo heráldico de su autor que tiene debajo “cexador” sobre cinta. Es pequeño, en octavo mayor, y no abulta ni dos dedos.  Su título “Diccionario Etimológico-Analítico Latino-Castellano”. Es la segunda edición, indica en la tapa, debajo de: D. Julio Cejador y Frauca  “Catedrático de lengua y literatura latinas en la Universidad de Madrid”. Está editado por los talleres tipográficos “La Moderna” de la calle Fernández Caballero de Murcia.

             Lo compré en una librería de viejo, de esas en las que el dueño, enfundado en su también gris guardapolvo, parece firmemente dispuesto a no desprenderse de los ejemplares colocados de cualquier modo y cubiertos de densos estratos de polvo.

Nunca me decepciona, y aunque está editado en plena postguerra (años en los que el best-seller era la cartilla de racionamiento) contiene tesoros de lubricidad y de impensadas etimologías; valga de ejemplo una que transcribimos literalmente, la  voz por la que empieza la letra V:

     

VACCA: vacc-a, -ae; en sánscrito vaçä, vaca estéril que muge, hembra del elefante, esposa, mujer, en composición sometido a la voluntad de; vaçi, imperio sobre otro; vaç-ya sometido. Es la raíz vocare, esto es ok, andar con la boca abierta, bramando de deseo; uç-anti, desean, acceden gustosos,- términos griegos que no somos capaces de poner-de buen grado, esto es, a deseo=skt uçat, vaç-ya sometido a gusto; väc-yë vagir, gritar y vaç-mi, vi-vaç desear, tener por bien, vaça deseo, voluntad. Acaso vino de aquí in-vi-tus a disgusto.

   Vacc-ín-us vacuno

   Vacc-ul-a vaquilla.

 

Toda esta etimología la ignora la castellana de nuestro bien amado Corominas.

Está claro que este señor no cejaba. Otro día pondremos  alguna entrada más.

¿Qué es un poeta raro? ¿Ser único y desconocido? ¿Renegar de la poesía como hecho literario? ¿Despreocuparse por la carrera literaria? ¿Vivir prácticamente incomunicado? ¿Considerar la poesía como un trabajo espiritual? ¿Ser austero y gozoso? ¿Ser fiel a sí mismo? ¿Transmitir frescura, candor de adolescencia? ¿Adentrarse en otros lenguajes como la pintura? ¿Hacer una obra singular, y ser casi inencontrable? ¿Acaso casi todos los poetas no son raros?..........

Quizás, remedando a Tom Stoppard, para saber si un poeta es raro o no, habría que preguntárselo a su madre. 

Lo que sigue es un extracto de una entrevista a Pe Cas Cor.

 

— Se supone que hace usted una vida más bien aislada, que sale poco que no ve a mucha gente. Se supone también que apenas se concede descanso a  sí mismo: espera ser lo bastante rápido como para no aburrirse, lo suficientemente duro para no flaquear. ¿Qué significa la poesía en todo esto? ¿Cuál es el trabajo de un escritor?

—Suponen ustedes muchas cosas, y su porcentaje de aciertos es bastante aceptable, si me permiten expresarme de ese modo. Soy un hombre huraño, a veces suave y a veces frío y egoísta. Me dan miedo muchas cosas que no le  dan miedo a casi nadie. Soy un esquizoide imaginativo, que aspira a reformarse y permanece tumbado durante largas horas frente a un televisor apagado, con las manos debajo de la espalda y unos ojos oscuros en una cara limpia y sucia a la vez. No veo a casi nadie. Me agota ver a la gente: me exalta interiormente, veo misterios en algunas mujeres y detectives en algunos hombres. Me paso la vida intentando concederme descansos a mí mismo, soy uno de esos haraganes que no dan golpe y no cesan de obsesionarse, uno de esos vagos que trabajan celularmente. Quiero decir que todas mis células, huesos y cartílagos trabajan violentamente, como obreros azules, y no me dejan en paz ni un solo instante -Imagínense ustedes, ¡ni un solo instante!-. En el fondo, soy, y lo digo sinceramente, uno de los individuos menos creativos y más monocordes y repetitivos de este bendito universo. Lo que ocurre es que he sido capaz de concentrar todos mis sentimientos infantiles en una nube de palabras, en un número de poemas. Casi todos mis semejantes son geniales. Algunos besan maravillosamente. Otros cagan rápidamente. Me han asegu­rado que hay individuos que no se cortan nunca al afeitarse, y damas que se depilan perfectamente mientras manejan sus ordenadores Todos ellos son poetas. Hay demasiados poetas. Cada vez más. Hay tantos poetas como roe­dores. Por eso la poesía se vende poco. Ahora me refiero a la poesía escrita. Los que escribimos poesía solemos ser bastante blandengues. Un buen poema quizá sea el lado valiente de un cobarde, O la bala de un sentimental. O la belleza de un imbécil. El trabajo de un escritor consiste en boxear con el abecedario para conseguir un amor, o más de uno, un cheque tan mágico como una alfombra y un gramo de gloria que sirva para no oler a sudor.

— La vida puede ser una lata -quizás nuestro libro favorito de cuantos ha publicado transmite una belleza y un humor inquietantes. ¿Un libro es exactamente como la vida?

-¿Pretenden ustedes burlarse de este charlatán fugaz?.. ¿Cómo va a ser un libro exactamente como la vida? En el mejor de los casos, un libro es el hijo ilegítimo, el hijo bastardo de la vida: lo que pasa es que, a veces, los hijos bastardos son más guapos y más puros que sus padres. Un libro no habla de lo que no es, de lo que pudo ser, de lo que debió ser, de lo que podría haber sido si alguien hubiera tenido una espalda derecha y no unos pies planos. La vida es. Nada más. La vida está en un ronquido, en una carrera, en la pereza, en el abandono ¡La vida esta en mis pantalones! …Llevo dos meses sin cambiarme de pantalones, espero que no se note demasiado: mis pantalones atesoran dos meses de mi vida. También mis calzoncillos son vida y son espirituales.  Pero el calzoncillo es algo efímero, menos duradero, intercambia rápidamente información con el cuerpo, con la vida, que hay que llevarlo cada poco a la lavadora para practicarle un lavado de cerebro. Los manicomios están llenos de ropa interior, por los manicomios pululan calzoncillos de los grandes pensadores de la vida… Un calzoncillo es la obra pictórica de un cuerpo salvaje. Un libro es la frustración, respetable o no, de un cuerpo civilizado… Dios mío todo lo que estoy diciendo es ridículo; estoy avergonzado. Necesito una copa, este púlpito apesta, y yo no bebo… Voy a recitarles un verso  del injustamente olvidado poeta finlandés Lasse Vanio: “Van Gogh quisiera pintarle los labios antes de morir”.  

                 Amaneció la mañana clara envuelta en un griterío de pájaros y parloteo de loros, nuestros cuerpos respondieron al sol como a una primera caricia, perseguimos nuestras alargadas sombras por la playa, y como  niños que se pisan por jugar nos dejamos conducir por ellas; subimos una ladera esquivando las agudas espinas de las plantas que crecían en los huecos de la roca basáltica; al llegar a la cima, exhaustos, nos sentamos al borde de un pequeño acantilado;  desde nuestra posición se veía una caleta, aún entre las sombras del amanecer, en la que creímos distinguir entre los restos de naturaleza algo que no pertenecía a este lugar; bajamos casi rodando, destrozándonos las manos contra  la roca,  las manos recogen la perla; en el recuento de nuestras mayores pérdidas no se encontraba esta obra, no porque no nos perteneciera, más bien por olvido. Su hallazgo, en este rincón umbrío, tímidamente escondida, apenas asomando su lomo, es algo que no nos ha sorprendido, de hecho, si hubiéramos reparado en su ausencia, hubiéramos buscado en lugares como este.  

  

Abrimos al azar el  preciado pecio...

 

Pe Cas Cor (Pedro Casariego Córdoba)              

BABELIA 29 de abril: “VERTIGO”

BABELIA  29 de abril: “VERTIGO”

                   Ha sido curioso, porque suponemos que no estaba calculado, que dos artículos trataran la misma película: VERTIGO de Hitchcock (por cierto, nunca he llegado a saber que clase de cock es la de hitch). En el primero, Calvo Serraller reseña un libro de VICTOR STOICHITA, “Simulacros: El efecto Pigmalión, de Ovidio a Hitchcock”, que apetece leer y en el que, por lo visto, sigue el mito de Pigmalión en la historia del arte occidental con el hilo argumental de que hay un paso de lo háptico a lo óptico (Representación) en una conversión de lo real en algo virtual, pasando por la “vitrificación” del arte del realismo óptico de la pintura holandesa de la segunda mitad del diecisiete y que culminaría con la película  de la que hablábamos, película sobre la que estamos de acuerdo estos dos isleños en muchos aspectos: la consideramos la obra maestra de Hitchcock, vimos a una Kim Novak como nunca antes ni después veríamos, el cuadro-retrato de la difunta esposa es espantoso….

        En otro artículo,  Octavi  Martí,  reseña la ópera “La ciudad muerta” de Wolfgang Korngold,  basada en una novela, “Bruges-la-morte”(1892), de un autor para nosotros desconocido, Georges Rodenbach, en la que  el protagonista (Hugues) es un viudo inconsolable que ha convertido su casa en un santuario en honor de la difunta esposa Marie. Un día paseando, descubre a una mujer  (Marieta) idéntica físicamente, pero su opuesto moral; si una era un modelo de virtudes, esta es todo lascivia y sensualidad (nos apuntamos). Sobre este hilo argumental, tan recurrido en el arte, está basada “Vértigo”.

        Hay otra serie de consideraciones, todas interesantes, como que Boileau y Narcejac (nos encantan los autores que escriben a cuatro manos) se basaron en esta obra para su novela “D’entre les morts” y que Korngold, compositor alemán considerado en su día como niño prodigio, fue víctima de una doble discriminación, la primera por no subirse al carro de las vanguardias y la segunda por ser considerado por los nazis como creador de un arte degenerado; así pues, prohibido en su tierra y rechazado por las corrientes influyentes de la “música clásica” del momento, instalado en EE.UU., acabó haciendo lo que alguien ha llamado la futura música culta del siglo XX, la música de cine, en la que recibió dos Oscars.

        Dos pequeñas apostillas: en la ficha técnica de la película “Vértigo”, entre otros guionistas, figuran Boileau y Narcejac; y como segunda, rendir homenaje al traductor del título de esta película al castellano; lo imaginamos sudoroso intentando descifrar el misterio del término médico usado en inglés para describir el vértigo, y ante la gran prueba a la que le enfrentan, opta por tener su momento de gloria.

        Confluyen así un muerto (o invisible) para la música de la época, un tema que se reinterpreta  y otro tema (Pigmalión) que se actualiza. Menos es nada.

Nuestra primera reacción al revisitar el texto de Conrad “The heart of darkness” fue quedarnos como dijo el poeta, -mudos, absortos, de rodillas, como se adora a dios ante el altar-. Para qué escribir nada si este cabrón había dicho lo que queremos transmitir mil veces mejor de lo que nosotros pudiéramos ser capaces de hacer. Es como para coger la mochila de Pocholo e irse a La Isla de los Famosos. Pero puesto que hemos abandonado nuestra actitud habitual de lectores pasivos y hemos pasado a engrosar el gremio de los creadores (entre los que se encuentran nuestra ilustre tripulación), no hemos tenido más remedio que hacer una penosa (comparada con lo que sigue) introducción a la egregia obra; si esto sirve para que alguien se acerque a “el corazón” o a Conrad en general nos veremos satisfechos. La idea que expresa al principio del relato en relación con las tropas romanas en conquista de los pantanos ingleses es la idea que nos ha guiado en este post:…

Aviso para navegantes: Quien ya haya entregado su corazón a “El corazón de las tinieblas” queda exento de leer este largo fragmento, nosotros por nuestra parte nos sentimos incapaces de recortar una sola línea.

“—Estaba pensando en épocas remotas, cuando llega­ron por primera vez los romanos a estos lugares, hace diecinueve siglos... el otro día... La luz iluminó este río a partir de entonces. ¿Qué decía, caballeros? Sí, como una llama que corre por una llanura, como un fogonazo del relámpago en las nubes. Vivimos bajo esa llama temblo­rosa. i Y ojalá pueda durar mientras la vieja tierra conti­núe dando vueltas! Pero la oscuridad reinaba aquí aún ayer. Imaginad los sentimientos del comandante de un hermoso... ¿cómo se llamaba?... trirreme del Mediterrá­neo, destinado inesperadamente a viajar al norte. Des­pués de atravesar a toda prisa las Galias, teniendo a su cargo uno de esos artefactos que los legionarios (no me cabe duda de que debieron haber sido un maravillo­so pueblo de artesanos) solían construir, al parecer por centenas en sólo un par de meses, si es que debemos creer lo que hemos leído. Imaginadlo aquí, en el mismo fin del mundo, un mar color de plomo, un cielo color de humo, una especie de barco tan fuerte como una con­certina, remontando este río con aprovisionamientos u órdenes, o con lo que os plazca. Bancos de arena, pan­tanos, bosques, salvajes. Sin los alimentos a los que esta­ba acostumbrado un hombre civilizado, sin otra cosa para beber que el agua del Támesis. Ni vino de Falerno ni paseos por tierra. De cuando en cuando un campa­mento militar perdido en los bosques, como una aguja en medio de un pajar. Frío, niebla, bruma, tempestades, enfermedades, exilio, muerte acechando siempre tras los matorrales, en el agua, en el aire. ¡Deben de haber muerto aquí como moscas! Oh, sí, nuestro comandante debió haber pasado por todo eso, y sin duda debió ha­ber salido muy bien librado, sin pensar tampoco dema­siado en ello, salvo después, cuando contaba con jactan­cia sus hazañas. Era lo bastante hombre como para enfrentarse a las tinieblas. Tal vez lo alentaba la esperan­za de obtener un ascenso en la flota de Rávena, si es que contaba con buenos amigos en Roma y sobrevivía al te­rrible clima. Podríamos pensar también en un joven ciu­dadano elegante con su toga; tal vez habría jugado de­masiado, y venía aquí en el séquito de un prefecto, de un cuestor, hasta de un comerciante, para rehacer su fortu­na. Un país cubierto de pantanos, marchas a través de los bosques, en algún lugar del interior la sensación de que el salvajismo, el salvajismo extremo, lo rodea... toda esa vida misteriosa y primitiva que se agita en el bosque, en las selvas, en el corazón del hombre salvaje. No hay iniciación para tales misterios. Ha de vivir en medio de lo incomprensible, que también es detestable. Y hay en todo ello una fascinación que comienza a trabajar en él. La fascinación de lo abominable. Podéis imaginar el pe­sar creciente, el deseo de escapar, la impotente repug­nancia, el odio.
Hizo una pausa.
—Tened en cuenta —comenzó de nuevo, levantando un brazo desde el codo, la palma de la mano hacia fue­ra, de modo que con los pies cruzados ante sí parecía un Buda predicando, vestido a la europea y sin la flor de loto en la mano—, tened en cuenta que ninguno de nosotros podría conocer esa experiencia. Lo que a no­sotros nos salva es la eficiencia... el culto por la eficien­cia. Pero aquellos jóvenes en realidad no tenían dema­siado en qué apoyarse. No eran colonizadores; su administración equivalía a una pura opresión y nada más, imagino. Eran conquistadores, y eso lo único que requiere es fuerza bruta, nada de lo que pueda uno va­nagloriarse cuando se posee, ya que la fuerza no es sino una casualidad nacida de la debilidad de los otros. Se apoderaban de todo lo que podían. Aquello era verda­dero robo con violencia, asesinato con agravantes en gran escala, y los hombres hacían aquello ciegamente, como es natural entre quienes se debaten en la oscuri­dad. La conquista de la tierra, que por lo general consis­te en arrebatársela a quienes tienen una tez de color distinto o narices ligeramente más chatas que las nues­tras, no es nada agradable cuando se observa con atención. Lo único que la redime es la idea. Una idea que la respalda: no un pretexto sentimental sino una idea; y una creencia generosa en esa idea, en algo que se pue­de enarbolar, ante lo que uno puede postrarse y ofre­cerse en sacrificio...”

         Hoy ha sido un día como todos desde el naufragio: irritante, absorbente y en algún momento que apenas pasa, uno quisiera retener, excitante. Nos afanamos, porque nos va la vida en ello, en recoger los restos del barco encallado  y abierto como una granada sobre las aguas transparentes. Los viajes con la chalupa son fatigosos y luego, hay que zambullirse y acabamos magullados y con las heridas ardiendo del salitre y el sol. Las más de las veces el botín es escaso y, al volver a la playa, nos desesperamos. Creíamos llevar un barco bien provisto, con altos anaqueles repletos de apetecibles lomos y ahora, estamos desnudos y mostrando nuestra miseria. Al sacarlas al aire por la violencia del golpe, lo que pensábamos caudaloso, amplio y navegable, se ha adelgazado, convertido en una lámina de agua que a veces se pierde y, a veces, sólo es la caricatura de lo que fue. Y pensábamos que  Ducasse, Baudelaire, Poe, Nerval, habían sido los jefes de la  banda, los que nos habían enseñado el oficio, más que los rateros del sucio puerto de nuestra niñez sin padres, eran ellos los que habían salvado nuestra adolescencia y ahora son jirones quizás sin sentido.

        Pasamos el día con este trajín, si se quiere ridículo y al caer la tarde preparamos el vivac en la playa  ahora que no ha llegado  todavía la estación de las grandes lluvias. Pronto está encendida la hoguera que se despereza esbelta contra la extensa soledad de la noche.

         El resplandor de la alta llama nos recuerda a  otro marinero, Marlow que, a bordo de la “Nelly” una pequeña yola de crucero,  también narra a sus amigos una historia mientras esperan el cambio de marea en el estuario del Tamesis una tarde de mil ochocientos…y “más al Oeste, en el curso alto del río, el lugar de la monstruosa ciudad estaba aún señalado ominosamente en el cielo, una sombra amenazadora a la luz del sol, un lóbrego resplandor bajo las estrellas.”

         El comienzo del relato es: “-y esta también –dijo Marlow de repente-ha sido uno de los lugares oscuros de la tierra”.

         La primera vez que escuchamos el relato apenas éramos unos grumetes embarcados por piedad y la historia nos traía ecos de aventuras; pronto pasó a ser memoria perenne entre gran parte de los hombres que cruzan el mar; a cada escucha le íbamos incorporando nuevas sensaciones fruto de nuestra  experiencia y vivencias. ¡Qué dimensión no tomaría ahora, al recordarla en nuestra situación!

        Levantamos la cabeza. El mar estaba cubierto por una densa faja de nubes negras, y la tranquila corriente que llevaba a los últimos confines de la tierra fluía sombríamente bajo el cielo cubierto… Parecía conducir directamente al corazón de las inmensas tinieblas.

        Nuestras miradas se cruzan, y al desconsuelo sucede la avidez por el relato y Conrad es nuestro patrón por esta noche.

                   Siguen transcurriendo los días que dedicamos a seguir explorando la que ya llamamos nuestra isla. Bosquetes de aspecto selvático, laderas pedregosas donde hemos visto cabras muy dóciles, praderas, barrancos y hondonadas umbrosas con ríos de agua dulce, mas las playas con los cocoteros, forman nuestros dominios.

         Es una sensación extraña sentir como estos días desde el naufragio parecen haberse expandido, lo difícil de nuestra situación, la necesidad de estar alerta continuamente por el peligro que corremos, hace que parezca eterno el tiempo que llevamos aquí. Hay en la brusca supresión de nuestra rutina marinera intranquilidad y desasosiego, pero también, por alguna oscura razón, una extraña exaltación casi salvaje que parece brotar pura de nuestra remota niñez. Hay algo de espontáneo e impremeditado en cada uno de nuestros actos que nos hace comprender que podemos ser capaces de heroicidades y salvajadas, algo que hace que a veces nos miremos con desconfianza, como si después de tantos años, fuésemos desconocidos el uno para el otro. Pero sobre todo es la sensación de que ahora que nuestra conducta civilizada está suspendida, con los ojos brillantes y erguidas las cansadas espaldas, pasamos el día dentro de un juego absorbente como ella en el poema de Yeats:


    She is playing like a child                                            Está jugando como un niño           

    And penance is the play,                                            Y el juego es la penitencia,

    Fantastical and wild                                                    Fantástica y salvaje
    Because the end of the day                                         Porque el final del día
    Shows her that someone soon                                    Revela que muy pronto alguien
    Will come from the house and say -                            Vendrá desde la casa y nos dirá
    Though play is but half done -                                     -Aún en medio del juego-
    “Come in and leave the play”.                                     "Entrad y no sigais jugando".

   

*La separación entre versos no es intencionada, es incompetencia de estos piratas aún no duchos en andar por estas islas. 

            Cuando el otro día comentábamos la mirada de Maisie,  los dos coincidimos al ponerle rostro.

      En la edición actual de novelas, relatos, etc., las imágenes  están reducidas exclusivamente a la de la portada, pero no nos vamos a extender sobre esto, nos desvía de lo que queremos decir; El libro rescatado de “Lo que Maisie sabía” tiene en portada un fragmento del cuadro de John Singer Sargent “Las hijas de Edgard Darley Boit”, es una portada que complementa al libro y nos hace pensar cómo los buenos pintores y los buenos escritores tienen en común indicar y no mostrar.

      Unas niñas juegan en una elegante sala entre alfombras persas y porcelana china, la luz del cuadro se va oscureciendo gradualmente conforme a la distancia y edad de ellas. Hay algo inquietante, la soledad de estas niñas que juegan en la habitación en penumbras es nuestra soledad.

Al despertar esta mañana la mirada de la niña perduraba en mi mente, evidentemente la conversación de ayer noche tuvo eco en mis sueños; habíamos estado hablando de Miles y Flora, siempre nos han gustado más las historias en las que la ambigüedad de lo real te arrastran a las profundidades de un abismo donde se avecindan las raíces del horror, y nadie como Henry James supo transmitir estas sensaciones, pero no era la mirada de Flora la que estaba clavada en mí sino el límpido brillo de la de Maisie la que me escrutaba en la fresca mañana isleña. Nadie como ella para poner de manifiesto el pequeño horror, la capacidad para los pequeños envilecimientos de la vida de cada día.

En “Lo que Maisie sabía” nada se desmelena, no hay gestos grandilocuentes pero no es menos eficaz transmitiendo la soterrada inquietud de nuestra existencia. Dice James: "Ningún tema resulta más humano que aquéllos que nos ofrecen un reflejo -extraído de la confusión de la vida- de la íntima relación de lo dichoso y lo siniestro, las cosas que exaltan ylas cosas que hieren, sosteniendo así perpetuamente ante nuestra mirada esa dura medalla brillante, fabricada de una aleación tan extraña, una de cuyas caras está constituida por la alegría y el consuelo de alguien y la otra por el dolor y la humillación de alguien".

Con su sola presencia Maisie, pone de manifiesto la abyección del mundo que la rodea y que con la genial intuición de dotarla de las capacidades expresivas de un adulto, nos lo hace sentir como propio.

Maisie, es además una presencia que confiere sentido, nitidez y sustancia a los personajes que la rodean, algo así como un catalizador que dispara todas sus potencialidades; pero no sólo eso, tiene la función de ser lo que James llama "el centro irónico", véase:

"Sus rasgos se habían vuelto extrañamente populares: los pellizcaban sin parar los caballeros que acudían a visitar a su padre, que siempre estaban fumando cigarrillos cuyo humo le daba de lleno a ella en la cara. Algunos de dichos caballeros la hacían prender cerillas y encenderles los cigarros; otros, sentándola sobre unas rodillas que subían y bajaban inesperadamente, la apretujaban las pantorrillas hasta que ella gritase -su forma de gritar era muy admirada- y se las criticaban comparándolas con palillos de dientes. Esta comparación se le quedó grabada y contribuyó a que desde este momento le pareciese que ella andaba escasa de algo que satisfaría las expectativas generales. Al final descubrió de qué se trataba: se trataba de la ingénita tendencia a la segregación de una sustancia a la que Modle, su niñera, asignaba un nombre breve y antipático*, un nombre penosamente asociado, a la hora de la comida, con esa parte de los filetes que a ella le desagradaba."

*fat

Nos da la impresión de que la prosa de James es como un capullo de hilos de seda tejidos en torno a algo que no se dice, pero sabemos con íntima desazón, que el gusano al que nunca se alude, está dentro.

Plácidamente recostados sobre la roca coralina, nos dedicamos a repescar entre las ruinas sumergidas de lecturas del pasado; y entre los magros y semiputrefactos restos que engancha el anzuelo, de lo que recordábamos como festines, apenas quedan argumentos de novelas sobre la infancia y la adolescencia: Lolita, El ancho mar de los Sargazos de Jean Rhys o Alicia. Lolita o la sexualidad explícita y tristemente truncada, Alicia o la belleza de la inteligencia y de la pura invención, Antoinette (Ancho mar de los Sargazos) o la historia que lleva a la locura y, en el caso de Maisie lo que yo creo que suscribiríamos todos los que estamos aquí: que la capacidad de observar y de imaginar es lo que ha protegido y asegurado nuestra identidad.

Ahora estamos en una gloriosa mañana, pero sabemos que la noche caerá de nuevo y que los peligros no son sólo los caníbales o los barcos enemigos....

 

     Ya estamos instalados en la isla. Tenemos al menos una cueva en una pared rocosa y una empalizada provisional donde dejamos al resguardo los víveres; hemos hecho recuento de lo que hemos conseguido recuperar y estamos tranquilos, no nos faltará alimento en una buena temporada. Podemos, después de un día de dura ascensión al cerro más alto para confirmar al fin nuestro aislamiento, descansar un poco y hacer una hoguera, cae la súbita noche tropical después de un purpúreo lubricán.

     Hablamos, como se ha convertido ya en costumbre, de nuestra desdicha y pensamos como Robinson en qué es lo que nos impulsa a hacernos una y otra vez a la mar, a ponernos en riesgo cuando nada nos impide quedarnos en casa. Pero ya sabemos los dos de la magia de las encalmadas o del gozo al ver las nubes nocturnas atravesando aceleradamente el firmamento, el viento aullando, los sobrejuanetes despegados, y el barco avanzando a enorme velocidad entre tinieblas, con una inmensa y blanca cortina de espuma a la altura de la batayola de sotavento.

     Recordamos los albatros que a veces caían en cubierta y con los que se divertía la canalla marinera. Nos vemos ahora nosotros de este modo, varados en la arena y arrastrando torpemente las alas, o quizás nos equivocamos y siempre hemos sido dodos como los que hace pocos años correteaban por la isla.

     Sentados junto a la hoguera, al ver nuestros rostros atezados por el mar y envejecidos por mil travesías y el escasísimo parecido con la tersura adolescente de Brooke Shields, no vemos otra opción para matar el tiempo que contarnos historias, que por las sonoras tinieblas que nos rodean son inevitablemente de espanto y espeluco. Temblamos como niños en la oscuridad y poco a poco nos calmamos comentando qué relación tan estrecha tiene el terror y la infancia y cuanto de la literatura que llevábamos a bordo estaba protagonizada por niños inquietantes o inquietados. Recordamos a nuestros preferidos; El primero que nos viene a la cabeza… El sueño nos vence, mañana continuamos.

Seguimos en nuestra isla, poco a poco vemos que no es tan terrible ni hostil, por el momento no vemos caníbales ni hombres en general. Nos vamos haciendo a esta vida y, sin darnos cuenta, poco a poco los recuerdos de la vida anterior se van haciendo menos vivos y producen menos dolor. Con los restos de nuestro antaño airoso navío, hacemos una pequeña chalupa con la que recorrer la costa y recoger los restos del contenido de la bodega del barco que yacen sobre la arena de los bajíos y de los que apenas se distinguen títulos, tenemos miedo que los arrastren las corrientes del olvido  .
 Vemos lo bueno de la idea del cuaderno de bitácora -aunque sea después del naufragio- para preservar lo que nos queda.
  Hasta ahora nunca habíamos tenido que depender sólo de nosotros mismos y es una experiencia completamente nueva; cada gesto adquiere un nuevo significado, cada resto un nuevo uso; lo que antes, en la rutina de la travesía  se  había hecho invisible,  ahora brilla con la luz del infortunio.
  Pero también tenemos nuestros númenes protectores y, el primero de ellos, como ya está claro por la forma de plagiarlo, es nuestro querido R.L. Stevenson del que hemos encontrado una referencia enternecedora en una de las cajas recuperadas. Se trata de  relato que hace su hijastro sobre su funeral, cuando se reúnen gentes y notables de la isla: "conforme entraron, le besaron la mano uno por uno. Anoté las palabras de uno de ellos que se postró de hinojos al lado de Louis. Era un hombre viejo y consumido, y el llanto le impedía hablar.  "Sólo soy un negro pobre e ignorante. Otros son ricos y pueden despedir a Tusitala con grandes regalos. Yo soy pobre y no puedo dar nada a Tusitala este último día que recibe a sus amigos. Pero no tengo miedo de venir a mirar por última vez la cara de mi amigo. Estuvimos en la cárcel y él nos atendió. El día era menos largo que su bondad. Todos los que estais aquí sois gente importante y llena de amor. ¿Pero quien es tan grande como Tusitala? ¿Quién es aquí más tierno y compasivo? ¿Que es vuestro amor junto al suyo? Oh Tusitala, hoy es la última vez que veo tu cara”.

Cuando te tengo delante
los ojos te sartaría
pa que no vieras mi amante
otra cara que la mía.

Canción popular andaluza que exalta las ventajas de las relaciones en la red.

14 DE ABRIL

14 DE ABRIL

Ya llevamos tres días en la isla (que todavía no tiene nombre), pensamos que es probable que estemos aquí mucho tiempo y que es importante medir el tiempo; hacemos un artilugio con palos y cuerda. Al preguntarnos por el día de hoy nos damos cuenta de que es 14 de Abril de 2.006 y que hace 75 años que se proclamó la II República  en nuestra lejana España. Echamos un ojo a nuestro alrededor  y vemos cuanto de lo que hemos salvado del naufragio está escrito por hombres de esa generación, que murieron o sufrieron por las ideas que aglutinaba la república: Machado, Juan Ramón, Lorca , Alberti , Cernuda….Que las ideas por las que lucharon siguen siendo en gran parte las nuestras; que los problemas que afrontaron siguen estando presentes : Enseñanza pública, descentralización del estado y que en otros como el estado laico, seguimos por atrás.

 En llegando a estas razones, nos sale del alma un cántico furioso: SI LOS CURAS Y MONJAS  SUPIERAN…..pero nos controlamos y,  a pesar de que otros lugares que creemos cercanos como Redonda, se han instituido como reinos, nosotros proclamamos nuestra República Isleña porque los hombres de la República fueron vencidos pero no derrotados y adoptamos como himno oficial el poema de GARCIA CALVO que nos emociona y nos eleva por encima de nuestras actuales miserias.

Libre te quiero,

como arroyo que brinca

de peña en peña.

Pero no mía.

Grande te quiero,

como monte preñado

de primavera.

Pero no mía.

Buena te quiero,

como pan que no sabe

su masa buena.

Pero no mía.

Alta te quiero,

como chopo que en el cielo

se despereza.

Pero no mía.

Blanca te quiero,

como flor de azahares

sobre la tierra.

Pero no mía.

Pero no mía

ni de Dios ni de nadie

ni tuya siquiera.

                                                                                                                        Agustín García Calvo

                                           Ya llevamos dos dias en la isla y vamos saliendo de nuestra perplejidad inicial. Hemos decidido hacer como el mayordomo de LA PIEDRA LUNAR y utilizar  la novela de DEFOE como nuestra biblia particular. Primero sorteamos a quién le corresponde ser Viernes hoy, ya lo sabemos, pero nos cuesta algo adaptarnos a nuestros papeles..... Nos hemos alimentado de ostras y otros animáculos sin problemas digestivos hasta ahora (nos ha costado tragarlos pero ahora estamos mejor).

  Vamos recomponiendo nuestros enseres, recordamos que estamos en Abril y sacamos de un arcón a Elliot que nos presta su deslumbrante inicio de LA TIERRA BALDÍA:
                                 APRIL IS THE CRUELLEST MONTH
                                 BREEDING LILACS OUT OF DEAD LAND
                                 MIXING MEMORY AND DESIRE..
 Lloramos y pensamos que nunca es más cruel Abril que lejos de nuestra tierra, aunque nos ayuda CERNUDA con un grito: TIERRA NATIVA, MÁS MIA CUANTO MÁS LEJANA.
 Pensamos que en nuestra tierra hay ahora un estallido de vida ,más cruel cuanto más efímero y con melancolía pensamos que no sabemos cuantas primaveras nos esperan en nuestra isla y si volveremos algún día a ver el verdor nuevo de los espinos en las colinas.
  Divisamos a lo lejos una vela blanca,  sabemos que no va en nuestra dirección y nos resignamos pero nos alegra porque es la primera señal de vida que tenemos desde nuestro naufragio.
  Recordamos EL LAGO AZUL y pensamos que no se pasa tan mal en las islas desiertas, luego cruzamos una mirada desalentada....

Mensaje en una blogtella

Mensaje en una blogtella

Este blog surge de un naufragio y de un afán de supervivencia. En este sentido no se puede esperar de él más que de un pecio, y de hecho, este es el otro nombre que hemos colocado de portada. Utilizar los restos de lecturas, de impresiones, de una (mala) educación sentimental que están desperdigados de mala manera por las playas inhóspitas de nuestra madurez; que hace poco parecían valer para algo, conformar algo así como un aparejo con el que navegar mal o bien y que ahora miramos con la esperanza, probablemente ilusoria, de que nos permita montar poco más que una choza, pero que un día, con la ayuda de algún bucanero más, nos permita conseguir el tesoro que buscamos.