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De Vere y Herri Gardens

PECIO SIN PRECIO

MILON DE CROTONA (Y II)

Milon de Crotona 

                 Divagar sobre Milon nos lleva a recordar su representación más conocida, la escultura de Pierre Puget que se encuentra en el Louvre.

                 Recordamos como nos llamaba la atención entre la magnífica colección  de escultura quizás por su dramatismo o tal vez por su puesta en escena que te hace partícipe de lo representado.

                 Tal vez su artificio choque con nuestro modo de ver las cosas, nos llamaba la atención la pequeñez del león en que Puget transfiguró a los lobos y la ridiculez del tocón  que por contraste, hacen enorme al atleta; pero aquí el escultor, en la estela de Bernini consigue una apoteosis de la estética barroca. La torsión del cuerpo y de los paños que giran en una suerte de trágico baile y que crean unas complejas líneas de fuerza que vehiculan el espasmo de dolor y de fuerza impotente.

                 Que el barroco francés de la época de Luís XIV haya sido capaz de continuar con aparente fluidez los modelos clásicos –son patentes las huellas del grupo de Laocoonte- nos hacía pensar en que en España no se había mantenido esta continuidad, tal vez por nuestra histórica propensión al costumbrismo, quizás por la dificultad para tomarnos demasiado en serio la antigüedad clásica –Velázquez si pinta a Baco y compañía, pinta unos borrachos- y que tiene su correlato en la escritura (no hay Racines españoles).

                  Las divagaciones de nuestra ociosa existencia nos llevan hasta Juan Benet que escribió sobre las dificultades del Grand Style en nuestro país y lo que él llamaba “La entrada en la taberna”.

                  Sólo una frase hablando de ese instante que hemos creído encontrar en el Milon: “sucede siempre después del mejor momento, cuando la distancia al gusto y a la predilección populares ha pasado por un máximo. Puede ser el origen o el final de ese periodo que a veces se llama manierismo, anterior a la decadencia franca,..” y “Para hablar brevemente, este punto singular está definido –en un estilo que ha conocido la gloria- por una aproximación a las fuentes originales, por un acercamiento a las raices y gustos populares, incluso haciendo uso de aquellas sublimadas y sofisticadas invenciones que situadas en el cenit parecen tan alejadas de la expresión natural. En tal momento la epopeya, cansada tal vez de tanto héroe y tanto Olimpo, entra furtivamente en la taberna para descansar sus dilatadas pupilas con las medias luces de los interiores humildes, para volver a saborear los caldos plebeyos y regalar su oído, ensordecido por el toque de los clarines y el galope de los caballos, con las delicias de la lengua llana y los giros de la gente común”.

       

                    Arropados con el murmullo de la prosa benetiana, cerramos los fatigados ojos y dejamos el resto para otros días.

MILON DE CROTONA (I)

           

           Es fama que Milon, el más laureado atleta de la antigüedad, poseedor de una fuerza descomunal, ya anciano y después de haber  luchado y ganado a todos los hombres de su época, se propuso luchar contra la naturaleza encarnada en un añoso y medio descoyuntado roble y que, al intentar desgajar el nudoso tronco, le quedo presa la mano en su interior  de modo que fue devorado por los lobos (y las lobas).

            Su imagen que ha generado tantas representaciones a lo largo de la historia, nos sume en un mar de reflexiones y nos sirve de espejo no por su fuerza ni por la apostura de gastador con que se pinta sino por estar, ya en el declive de los años, atrapado al roble como nosotros a  esta isla.

PECIO MUSICAL

PECIO MUSICAL

           Los náufragos, a pesar de esta ausencia que se nos recrimina no sin razón, seguimos saliendo a navegar, unas veces por no perder esa costumbre tan arraigada de sentirnos rodeados de infinito mar, otras en busca de alimentos, otras atraídos por la incierta visión de un objeto flotante al que suponemos una de nuestras pertenencias. Muchas de las veces volvemos con una vieja chapa clavada a una tabla, una raíz de caprichosa forma, cosas a las que solamente nuestra mente va poniendo valor, así vamos formando nuestro rincón de pecios; esta vez el hallazgo ha sido una botella que ha hecho un largo recorrido hasta llegar hasta estas orillas; algún desconocido la echó a la mar sabe Dios con qué propósito, pero al fin ha llegado a su destino y esto nos ha hecho sentir más náufragos.

P.D.  Les rogamos sean constructivos en sus críticas pues el jovenzuelo es hijo y ahijado  de los que hemos encontrado la botella.   

LA JOFAINA BAUTISMAL Y EL ARCON DE GRANO (Y III)

LA JOFAINA BAUTISMAL Y EL ARCON DE GRANO (Y III)

EL ARCON DE GRANO

 

 

Seguimos divagando por los senderos que nos propone la Montaña Mágica y del “pálido resplandor amarillento” que el oro ha dejado en la jofaina pasamos a una tarde dorada y calurosa de otra montaña, esta en el sur de España. Descubrimos en la cámara de una casa humilde que habitaban personas que vivían al límite de la supervivencia un arcón de pino bastamente trabajado de los que se utilizaban para guardar el trigo que nos permitió revivir una escena similar a la que daba tanto placer a Hans Castorp, porque en la parte interior de la tapa había una anotaciones a lápiz de ingenua caligrafía que ponían nombres y fechas, por ejemplo: “el serrano Pedro Jiménez murió el ……” pero también creemos recordar que había fechas de nacimientos, y abarcaba varias generaciones. Es posible que un abuelo haya explicado alguna vez a algún nieto la historia de la familia y fuese escuchado con la misma unción.

 

LA JOFAINA BAUTISMAL Y EL ARCON DE GRANO (II)

LA JOFAINA BAUTISMAL Y EL ARCON DE GRANO (II)

                  La playa se encoge hasta convertirse en un recargado gabinete atestado de muebles, bibelots y cortinajes de la Alemania de principios del Siglo XX  en el que no falta de nada. Hay instrumentos ópticos como el imprescindible estereoscopio y sobre todo un gramófono que va a dar mucho juego, pero no van a faltar los últimos adelantos en ciencia médica que producen bellas y admiradas radiografías; tampoco pueden faltar los veladores movidos por oportunos y educados espíritus. Mann comparte con Balzac su pretensión de describirlo todo y con Proust la de hacerlo desde un grupo cerrado.

                 Lo curioso es que consigue que le sigamos con avidez y sin apenas desmayos a lo largo de prolijas y arduas disquisiciones protagonizadas por los eternos rivales Settembrini y Naphta.

                 No debe haber un autor que se preste menos al resumen que este, nos gusta por su monumentalidad y su tamaño, reducirlo es ridículo, piensan.

                Pero es agradable dejarse llevar por las asociaciones  que les van inundando lentamente mientras recrean esa atmósfera pura y vacía que envuelve  una casa de  muerte y enfermedad que escuchamos en forma de toses, estertores,  y toda clase de sospechosos, sibilantes, obscenos o amenazadores ruidos.

                Entre el ruido de las olas les parece escuchar música, alguna ingenua y popular, por supuesto valses, pero también un lied, óperas – es curioso que, a pesar de Wagner, la que más se escucha es Carmen, que les parece muy en relación con la idea de la mujer del autor – para él  siempre parece estar del lado de lo irracional-, de lo que te arrastra en sentido contrario del deber, de la razón y del honor. Les recuerda en eso a la Flauta Mágica, con sus dos polos, la Reina de la Noche, y Sarastro -La luz y las tinieblas-.

              En la noche tropical, añoran con nostalgia el tiempo en que la elección era posible.

             

LA JOFAINA BAUTISMAL Y EL ARCON DE GRANO (I)

LA JOFAINA BAUTISMAL  Y EL ARCON DE GRANO (I)

             “-Abuelo –decía a veces el joven Hans Castorp al entrar en el gabinete, poniéndose de puntillas para acercarse a la oreja del anciano-, enséñame la jofaina bautismal, por favor.

               Y el abuelo, que de todas formas ya había echado hacía atrás el faldón de su larga y blanda levita y sacado un manojo de llaves del bolsillo, abría la vitrina, de cuyo interior salía un inconfundible olor, agradable y misterioso, que el joven aspiraba. Allí dentro se guardaban toda suerte de objetos fuera de uso y, precisamente por eso, fascinantes: un par de candelabros de plata combados, un barómetro roto con figuritas talladas en la madera; un álbum de cromos; una licorera de cedro; un pequeño turco…….; una antigua maqueta de un barco y, al fondo, hasta una ratonera . El anciano, sin embargo, sacaba del compartimento del centro una jofaina redonda de plata muy oxidada, que se hallaba sobre una bandeja también de plata, y mostraba los dos objetos al muchacho, separando uno del otro y dándoles la vuelta una y otra vez entre explicaciones ya muchas veces oídas.

                Originariamente, la jofaina y el plato no pertenecían al mismo juego, como enseguida se veía y como el niño volvía a oír cada vez; pero –como decía el abuelo- habían sido reunidos por el uso desde hacía unos cien años, es decir, desde la compra de la jofaina. Era bonita, de forma sencilla y elegante, muestra del austero gusto reinante a principios del siglo pasado. Lisa y sólida, reposaba sobre un pie redondo y estaba bañada en oro en el interior, aunque el paso del tiempo no había dejado de aquel oro más que un pálido resplandor amarillento. Como único adorno tenía una corona en relieve de rosas y hojitas dentadas en el borde superior. En cuanto a la bandeja, en la cara interior se podía leer su antigüedad, mucho mayor. <1650> rezaban unos números muy recargados, y enmarcaban la cifra todo tipo de ornamentos sofisticadísimos, realizados a la “manera moderna” de otra época, voluptuosos y caprichosos; escudos y arabescos a caballo entre estrellas y flores. En el reverso de la bandeja, en cambio, en los distintos tipos de letra correspondientes, estaban grabados los nombres de los cabezas de familia que, en el transcurso de los tiempos, habían sido propietarios del objeto: ya eran siete, y junto a cada uno figuraba también el año de la transmisión de la herencia, y el anciano de la corbata de lazo se los iba señalando uno tras otro a su nieto con la punta del índice en el que llevaba el anillo. Allí estaban el nombre de su padre, el de su abuelo y el de su bisabuelo, y luego el prefijo se doblaba, se triplicaba, y hasta se cuadriplicaba en la boca del narrador, y el joven, con la cabeza inclinada a un lado, con la mirada muy fija en actitud reflexiva o también soñadora y relajada y con los labios devotamente entreabiertos,  escuchaba ese “tatara-tatara” ese sonido oscuro que evocaba la tumba y el paso del tiempo, que sin embargo, reflejaba los indisolubles y devotamente conservados lazos entre el presente y la propia vida y el pasado remotísimo, y que producía en él un extraño efecto, tal y como se manifestaba en su rostro. Al oír un aire frío y con cierto olor a moho, el aire de la iglesia de Santa Catalina o de la cripta de San Miguel; creía sentir en sus oídos el aliento de esos lugares en los que, con el sombrero en la mano parece imponerse caminar con devoción, inclinándose y tambaleándose ligeramente para no apoyar los tacones de las botas……”   

 

                                                  De nuevo sobre las oscuras arenas de la playa, los náufragos han rescatado un grueso volumen, uno de esos libros que se ponen en relación con lejanas y lentas adolescencias, con tardes de calor y vencejos y el crujido de las malas copias de los cines de verano.

                    Cuando más pasa el tiempo, uno duda más de los recuerdos y aquí se incluyen también los recuerdos de las lecturas. ¿Qué fue lo que leímos? Se preguntan al hojear de nuevo uno de estos libros oceánicos llenos de referencias simbólicas e intertextuales que  parecen querer abarcar una época. Quizá –piensan- la única razón por la que mereció la pena haberla leído entonces es que posibilite leerla con tanto gusto ahora.

 

                    No se les ocurre mejor descripción del espíritu burgués, Mann  retrata con absoluta precisión una clase y una época; pero también participa de la atmósfera del cuento: el abuelo que relata al niño una historia cien veces repetida que este escucha con la hipnótica atención con la que un pequeño indígena escucha los mitos fundacionales de su tribu. La Montaña Mágica  es también una caja encantada de donde salen toda clase de sorpresas

                   En esta novela de iniciación se utiliza el episodio de la jofaina para describir la personalidad del joven Hans Castorp, sus firmemente asentadas creencias y las normas que deberían marcar su vida y que se van a ver sacudidas en la cima de la montaña.         

ARTEMISA EFESIA

                  

                      Este es nuestro último post –mañana empezamos nuestras vacaciones isleñas-y ya que ha coincidido en viernes, el dies veneris  de los romanos, y del relativo alejamiento de nuestras amazonas (ninfas seguidoras de Artemisa), hemos pensado divagar bromeando un poco en torno a la diosa virgen de la fertilidad. Su culto que proviene del Asía Menor, donde se asociaba con el de Hécate y el de Selene, por lo que se representaba a veces con un creciente y estaba relacionada con el Hades. Frazer relaciona su culto con el de Cibeles, otra diosa de la fertilidad cuyos sacerdotes estaban emasculados en recuerdo de Atis. Como sabéis, la Artemisa Efesia, de cabeza negra, según dicen labrada en la piedra de un meteorito, y con el pecho enjambrado de mamelones, que según las interpretaciones más aceptadas, son testículos de toro; estos vendrían a conciliar su papel de fertilizadora con su pertinaz alejamiento del sexo viril. Así pues, la afición por mostrar los resultados de la castración tendría raíces muy antiguas. Mucho más cercano a nosotros está Simone la perversa protagonista de Histoire de l’oeil, sentada sobre los testículos del toro mientras el siguiente atraviesa ojo y cabeza de Granero.

PD: Seguiremos en contacto desde desconocidos aparatos.

EARRAID

EARRAID

                 Es el nombre del islote donde arroja el mar a David Balfour al naufragar el barco en el que viajaba secuestrado, está muy cercano a la isla de Mull y en donde sucede: “la parte más desventurada de mis andanzas”. Está a punto de morir de frío y de hambre y se siente –continuamente empapado y tiritando- el ser más desgraciado de la tierra y pasa tres días miserables – lo describe enfermo, con cólicos y fiebre- y, al final los pescadores que lo salvan se burlan de él porque ha permanecido en un islote de marea, vadeable a píe dos veces al día durante la bajamar, lo que él – un muchacho de tierra adentro desconoce- la frase final del capítulo es lapidaria: “he conocido a muchos hombres malvados y a muchos tontos, y estoy convencido de que, al final todos pagan por sus culpas, pero los tontos las pagan primero”.

                  Stevenson  escribió sobre las Meditaciones de Marco Aurelio en “Books which have influenced me” lo siguiente: “Cuando lo has leído, te llevas contigo el recuerdo del hombre mismo; es como si hubieras asido una mano leal, fijado la vista en sus valientes ojos, y te hubieras hecho un noble amigo; de ahora en adelante, te atan otros nuevos lazos, sujetándote a la vida y al amor de la virtud”. Nosotros pensamos, como Alberto Manguel, que estas palabras pueden aplicarse, sin variar ni una sola, al lector de Robert Louis Stevenson.

PARA LA BIOGRAFIA DE MAIRENA

PARA LA BIOGRAFIA DE MAIRENA

                  El acontecimiento más importante de mi historia es el que voy a contaros. Era yo muy niño y caminaba con mi madre, llevando una caña dulce en la mano. Fue en Sevilla y en ya remotos días de Navidad. No lejos de mí caminaba otra madre con otro niño, portador a su vez de otra caña dulce. Yo estaba muy seguro de que la mía era la mayor. ¡Oh, tan seguro! No obstante, pregunté a mi madre –porque los niños buscan confirmación aun de sus propias evidencias-: “La mía es mayor, ¿verdad?”. “No, hijo –me contestó mi madre-. ¿Dónde tienes los ojos?”. He aquí lo que yo he seguido preguntándome toda mi vida.

 

 

PD. En el mismo lugar donde se encuentra esta vasija existe otra con una cierta gracia, pero solamente disponemos de su dibujo.

SECUESTRADO (KIDNAPPED)

SECUESTRADO (KIDNAPPED)

              Cuando visitan el pecio del barco, con el panzudo contorno de su casco destacando en los bajíos, pueden ver que se va desmoronado lentamente, tomando el aspecto de un esqueleto de ballena, que por arriba, percha para las aves marinas, se llena de guano y desechos, por debajo lo habitan los percebes y las anémonas y es refugio para los peces.

              Venir a pasar un rato sigue siendo una costumbre porque aunque la isla les es cada vez menos hostil y ya saben distinguir las frutas y los pescados comestibles, a pesar de ser cada vez más isleños, les parece que el barco es lo que les une a su pasado.

              Apoyados en el bauprés, se demoraban antes de volver a tierra cuando H. dijo: -"¿Y si esto no fuese una isla?"-,  V. intentó seguir haciéndose el dormido pero H. continuó: -"¿Y si sólo fuera un islote de marea?, a otros náufragos les ha pasado"-. V. Respondió: -"Ya, sobre todo a David Balfour, pero era un jovenzuelo inexperto de diecisiete años."- H. dijo: -"Lo que no le había impedido dar buena cuenta de unos cuantos curtidos marineros."-

              Luego ambos siguieron  charlando de buena gana sobre el que era uno de sus libros predilectos, de los releídos con frecuencia y siempre con gusto; quizás porque además de ser un magnifico libro de aventuras  -para Henry James, el mejor libro de Stevenson-, sobre todo es un libro sobre la amistad.

LIMERICK

LIMERICK

             Limerick  es un condado de la costa occidental de Irlanda y, también, su capital. Este topónimo puede ser conocido por sus salmones, por sus bordados, pero ha de atribuirse su notoriedad a un tipo de poema breve, popular, de índole humorística, que recibe el nombre de limerick.

            No se conoce su origen exacto, muchos dan como buena su procedencia de una canción de soldados irlandeses del siglo XVIII que comenzaba con el verso “Hill you come up to Limerick?”. A esta frase inicial se le añadían versos improvisados, absurdos, ingenuos, satíricos, picantes, soeces…, lo típico de la canalla soldadesca (nosotros lo imaginamos como esas cosas absurdas que oímos cantar a los marines en las películas de Jolybud, pero en versión irlandodeciochesca). A mediados de este mismo siglo, un grupo de escritores irlandeses autodenominados “the merry poets of Croom”, celebraban ruidosas competiciones tabernarias de limericks en gaélico.

            Escritores como A. Tennyson, D. Gabriel Rossetti, L. Carroll, Mark Twain, James Joyce, y otros muchos lo han cultivado.

            El limerick tradicional consta de cinco versos: el primero rima con el segundo y el quinto, y el tercero con el cuarto, siendo estos dos de pie quebrado; hay variantes como el doble limerick, el limick, el limerick decapitado o el limeraiku.

SAN SEBASTIAN ( II )

SAN SEBASTIAN ( II )

                  

                      La traducción (directa del alemán) es casera pero sentida y está hecha con la ayuda de Tradescantia  (quien no tiene la culpa de nuestros errores) y de un anónimo portugués.

                     “En el instante en que mi vista se posó en el cuadro, todo mi ser se estremeció de pagano goce. Se me levantó la sangre y se me hincharon las ingles como impulsadas por la ira. Aquella parte monstruosa de mi ser que estaba a punto de estallar esperó a que la utilizara con un ardor sin precedentes, acusándome de mi ignorancia, jadeando indignada. Mis manos, se forma totalmente inconsciente, iniciaron unos movimientos que nadie les había enseñado. Sentí que algo secreto y radiante se elevaba con paso rápido para atacarme desde dentro de mí. De repente estalló y trajo consigo una cegadora embriaguez...                   

                     Pasó cierto tiempo, y, luego, sintiéndome desdichado, miré alrededor de la mesa  escritorio tras la que me hallaba. Un arce que crecía junto a la ventana proyectaba sobre todas las cosas un esplendente reflejo, lo proyectaba sobre el tintero, sobre mis libros escolares y mis apuntes, sobre el diccionario, sobre el cuadro de San Sebastián. Había salpicones blancos como las nubes en todas partes, en el título de letras doradas de un libro de texto, en el cuello del tintero, sobre mis libros escolares y mis apuntes,  en un ángulo del diccionario. En algunos objetos, los salpicones resbalaban perezosamente, con plúmbea pesadez, en otros lanzaban un brillo mate, como los ojos del pescado. Afortunadamente, mi mano, en movimiento reflejo, protegió el cuadro, evitando que el libro se manchara.”

SAN SEBASTIAN

                  

                    

                      Al leer una crítica de “Confesiones de una máscara” de Mishima, los recuerdos de la obra se agolpan, los más vívidos tienen que ver con la eclosión adolescente y con fuerza avasalladora, de una sexualidad que está marcada por la atracción hacia lo viril  y la erotización del dolor. Si, etimológicamente, masturbar es un acto puramente masculino,- en el diccionario de Cejador dice: mas: mâs, maris, macho; originariamente penis, mas-turbare, mas-carpere turbar o agitar y coger el mas.-en este caso, se añade una especie de apoteosis de la virilidad como objeto sexual.

                  

                   “Y de pronto apareció ante mi vista, en un ángulo de la página siguiente, un cuadro que me causó la impresión ineludible de que había estado allí, esperándome, para que yo lo viera. Era una reproducción del San Sebastián de Guido Reni que se encuentra en la colección del Palazzo Rosso de Génova.
                    El tronco del árbol negro y levemente inclinado de la ejecución destacaba sobre un fondo a lo Tiziano, formado por un bosque melancólico y un cielo sombrío y distante. Un joven de notable belleza estaba, desnudo, atado al tronco del árbol. Tenía las manos cruzadas en alto, por encima de la cabeza, y las cuerdas que le ceñían las muñecas estaban a su vez atadas al árbol. No se veían más ligaduras, y sólo paliaba la desnudez del joven un burdo paño blanco, anudado flojamente a la altura de la ingle.
                    Supuse que se trataba de la representación del martirio de un cristiano. Pero como la obra se debía a un pintor de la escuela ecléctica del Renacimiento, incluso la pintura de la muerte de un santo cristiano desprendía una viva impresión de cultura pagana. En el cuerpo del joven -que recordaba el de Antínoo, el amado de Adriano, cuya belleza tantas veces ha inmortalizado la escultura- no se veían rastros del duro vivir o de la decrepitud que se ven en tantas representaciones de santos. Contrariamente, en aquel cuerpo sólo había juventud primaveral, luz, belleza y placer.
                    Su desnudez blanca e incomparable resplandece sobre el fondo crepuscular. Sus brazos musculosos de guardia pretoriano acostumbrados a tensar el arco y a blandir la espada están alzados en ángulo gracioso y sus muñecas atadas se cruzan inmediatamente encima de la cabeza. Tiene la cabeza levemente alzada y los ojos abiertos de par en par, contemplando con calma profunda la gloria de los cielos. No es dolor lo que emana de su pecho lampiño, de su abdomen tenso, de sus caderas levemente inclinadas, sino una llama de melancólico placer, como el que produce la música. Si no fuera por las flechas con la punta profundamente hundida en el pectoral izquierdo y en el costado derecho, parecería un atleta romano descansando de su fatiga, apoyado en un árbol oscuro de un jardín.
                   Las flechas se han hundido en la carne tersa, fragante y juvenil, y pronto consumirán el cuerpo, desde adentro, con llamas de supremo dolor y éxtasis. Pero la sangre no mana, y ni siquiera están las innumerables flechas que se ven en otras representaciones del martirio de San Sebastián. Esas dos flechas solitarias proyectan sus calmas y gráciles sombras en la suavidad de su piel, como las de una rama en una escalinata de mármol.”

BLOOMSDAY ( y VI )

                             

                            

                                  Hoy decimos adiós a Ulises; para terminar esta semana dedicada a él y en particular a su capítulo IV, hemos recurrido a un corta-pega de los que tan amante era Joyce, para realizar un collage en el que hemos introducido 12 objetos españoles que aparecen en la novela.

Nos despedimos del héroe de la modernidad hasta el año que viene, en el que, si continuamos en esta isla, esperamos poder seguir con otro capítulo. SI o SI

P.D. Un especialísimo recuerdo en la noche de hoy para esa gran novela de, quien también nos ha acompañado esta semana, JuliánRíos,  Larva (Babel de una Noche de San Juan)

BLOOMSDAY ( V )

BLOOMSDAY ( V )

                Empezamos por Calypso como por cualquier otra parte y, pronto nos atrapa; acompañamos a Leopold Bloom por el laberinto de sus pensamientos que parecen segregados por sus glándulas internas: olorosos, nimios, pero también sangrantes; el flujo de ideas se entrelaza con la descripción minuciosa de un rió de banalidades que se pega a sus carnes, sus ropas y sus enseres. Vemos pasar el carro de un ropavejero. Como en un técnica de collage, de los desperdicios surge un nuevo sentido y está Shakespeare y Homero y lo que no somos capaces de expresar y nuestra herencia cultural; antes de acabar en esta isla se nos hizo familiar una expresión que siempre habíamos asociado con Joyce, “el corta-pega”, Joyce se consideraba un escritor corta-pega, ¿sería su cerebro el google de su época? Se limpia el culo con todo (obsesión cloacal, aunque en este capítulo elige muy bien la parte de papel con que limpiarse) y el palomino en el relato es el signo de los tiempos. Que en el “Ulises”, es cierto, se caga, se mea sin remilgos y hasta más de uno se masturba sin turbarse y sin tumbarse; pero nunca se jode en sus páginas.

  Cacaito matutina est tamquam medicina.

BLOOMSDAY ( IV ) CALYPSO

BLOOMSDAY ( IV ) CALYPSO

BLOOMSDAY ILUSTRADO ( III )

                 

   

                

                      Llevamos unos días enredados en la maraña del Ulises,  compartiendo sensaciones que oscilan entre la exaltación del descubrimiento y la idea de ser unos nuevos Pierre Menard. Cada cosa que pensamos ya está pensada y cada cosa que escribimos ya está escrita sobre este prodigioso mecanismo de interpretación. Tenemos la sensación de que más que una novela  está más cercano a algo vivo por su complejidad.“probablemente, la última de una inaudita estela de novelas que persiguen abarcarlo todo, como el Quijote o Tristan Shandy, y te proponen una percepción global del mundo” dice Chamorro.                    

                         Más que una novela, un nocirio (pascual) del escribano por antonomasia.                    

                         Nosotros lo vemos como un salvoconducto hacia la literatura, una suerte de invitación para entrar en el mundo de la ficción sin asideros y sin compromiso con la anécdota, en el que, a pesar de estar prodigiosamente cercano al detalle, en una operación que especular con el abandono de la figuración, sólo se debe a sí misma.

BLOOMSDAY ILUSTRADO ( II )

BLOOMSDAY ILUSTRADO ( II )

                    Volviendo   de nuestra Bloomdiseica excursión, vaciado ya el barril y con  espíritu alegre, nos venían a la memoria  algunas  frases e  imágenes del texto ilustrado que nos  había acompañado durante el intenso día.  Hablábamos sobre anécdotas y detalles  de  la  traducción pictórica y cinematográfica de Ulises  y  recordábamos cómo el mismo Joyce había hecho un esbozo de Mr. Bloom con bigote y sombrero.

                     Joyce siempre deseó que su Ulises fuera ilustrado por Picasso, pero es probable que la falta de sintonía entre Joyce y Gertrude Stein, muy cercana a Picasso en aquellos momentos, impidiera el encuentro. Más tarde un editor americano se lo  propuso a Matisse, pero aquello de Ulises, a Henri Matisse, le supo más bien a Odisea, y lo ilustró magníficamente, pero era el Ulises de  Homero y no el de Joyce. Al parecer Matisse no llegó a leer  la novela de Joyce. Hay una foto en la que Joyce se ríe con una punta de malicia, tapándose un poco la boca, al recordar la anécdota de Matisse metido a ilustrador de Ulises, para el que sólo cuenta el somero clasicismo o mero Homero. Posteriormente hubo intentos parciales de ilustración y  en1989 se publicó en San Francisco un Ulises  ilustrado con aguafuertes del pintor norteamericano Robert Motherwuell. Estos aguafuertes de carácter no figurativo ni realista y que podrían intercambiarse por la falta de detalle, no corresponden  a  los del esquema joyceano, apego al detalle incluso a la minucia y primores de lo vulgar. Verdaderamente ilustrativa de este amor a lo concreto es una anécdota de Joyce mientras posaba para un joven pintor irlandés, Patrick Tuohy: En una de las sesiones el pintor se puso a filosofar sobre la necesidad, para el artista, de captar el alma del modelo, y Joyce, le contestó que le traía sin cuidado el alma, pero que se preocupara de pintarle bien la corbata.

               Los deseos de Joyce de dar una imagen a su novela no se terminaron con estas contrariedades. Hubo también un proyecto cinematográfico abortado y al escritor le hubiese  hecho feliz ver su Ulises  dirigido por Eisenstein, sentado  desde una butaca en una sala oscura.

               Muy al contrario de lo que luego han pensado sus herederos, que creen que esta obra no se debe ilustrar, Julián Ríos y Eduardo Arroyo se embarcaron en el proyecto de ilustrarlo trabajando como dos guionistas de cine, trazo a trazo, imagen a imagen; tomando la palabra “ilustrado” en la acepción de aclarar un punto o materia con palabras e imágenes (ilustrar-iluminar). Una imagen no vale mil palabras, porque palabras e imágenes pertenecen a dominios distintos; pero cuando se consigue acortar distancias y compaginarlas, en un doble movimiento de traducción y traslación metafórica, ambas se potencian, se acompañan y se ilustran mutuamente.

             Aquella lámpara, pintada en 1976 por E. Arroyo, encendió un proyecto que culminó con más de cuatrocientas imágenes en constante diálogo con el texto, texto en el que Julián Ríos acompaña a Bloom de la mano de Joyce logrando recontar el Ulises a través del Cicerone y tres lectores distintos (un lector maduro y novelesco, un crítico viejo y erudito, y una lectora joven y aprendiz de trujimán).

BLOOMSDAY ILUSTRADO ( I )

BLOOMSDAY ILUSTRADO ( I )

          Hoy es 16 de Junio, el llamado Bloomsday; nunca antes habíamos celebrado este día, por lo mismo, imaginamos, que tampoco hemos celebrado el Quixoteday o el día de los enamorados. Este año nuestras circunstancias han cambiado, cada día es una celebración en sí mismo al igual que lo fueron los antiguos, si algo nos apoya en nuestra épica actual es la literatura. ¡Cómo no celebrar la épica del héroe moderno, del Quijote sensiblero y desencantado del siglo XX!

           Nuestros ojos han ido transformando la isla en el Dublín de 1904, recorriéndola y ayudados por la memoria de la obra hemos ido haciendo una lectura que, por fisonomía, localización u otras asociaciones, bien podrían corresponder a los lugares por los que celebraremos nuestra romería. Ya tenemos todas las localizaciones, la torre, el bar, la biblioteca, el burdel, los baños, la imprenta, el cementerio, la casa, y como fondo el mar, siempre el mar, hoy convertido en Mediterráneo.

           La matanza la realizamos al amanecer, haciendo buena provisión de vísceras de todo tipo. De la bodega el barril de ese líquido caoba oscuro y cremosa espuma.

            La elección del tomo a llevar ha sido lo más complejo. Bien conocidos son los debates sobre las traducciones a nuestro idioma, o a cualquier otro, de la obra, e incluso sobre su intraducibilidad y, aunque la gran mayoría de críticos están de acuerdo en que es una obra para ser leída en inglés y en voz alta, hemos decidido hacer una lectura en silencio y en castellano, lo que no quiere decir que no vayamos a hacer un amplio intercambio de comentarios. El castellano más que una decisión es una imposición por nuestro alcance del idioma original,  en silencio porque es un monólogo interior, porque cada lector lee un libro diferente aunque del mismo libro se trate, incluso el mismo lector lee un libro diferente cuando relee el mismo libro, porque “Ulises”, quitando Finnegans Wake, sea quizás la novela más incomprensible que pueda abordar el lector, ya que dentro de ella hay referencias que probablemente, incluso el autor , habría olvidado a los años de terminar su obra, referencias en las que cada lector puede o no hacer  una lectura diferente. Se podría decir que probablemente Joyce sea el único que haya llegado a "comprender" del todo su novela.

            Teníamos tres opciones: un tomo con la traducción de Salas Subirats, la traducción de J.M. Valverde en dos tomos y la edición ilustrada en dos tomos, un tomo con la novela en traducción de Salas Subirats y  el otro con las ilustraciones de Eduardo Arroyo y texto de Julián Ríos. Nos decantamos por ésta última.

             Se hace tarde, debemos partir hacia la torre Martello.