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De Vere y Herri Gardens


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PESADILLA DE UNA NOCHE DE VERANO

PESADILLA DE UNA NOCHE DE VERANO

         Fue una noche de este verano, creo recordar que era fin de semana y que yo estaba algo irritado. Estábamos tomando unas tapas en una terraza de verano después de un día asfixiante. Ya era tarde pero la gente abarrotaba la acera y el bullicio ya hacía que tuviésemos que levantar la voz, pero de pronto un estruendo atroz vino a ensordecernos. El ruido que, por lo visto, pretendía ser musical, surgía de la radio que el cabecilla de un grupo de motoristas con camisetas de tirantes y pintas chulescas llevaba adosada a su potente motocicleta. Pararon los cacharros no sin algún petardeo final y miraron desafiantes alrededor; yo, al ver que no cesaba y, os aseguro era realmente ensordecedor, quizá arropado por saberme en compañía, me levante y les grité alzando los brazos para que parasen. El chico de macarril aspecto me miró y se acercó hacía mi mientras metía la mano derecha en el bolsillo hacia lo que yo imaginé una navaja de dimensiones considerables y cierre automático. Hubo un correrse de sillas con estrépito cuando mis amigos se levantaron y yo no sabía si mirar para otro lado, salir corriendo o (si no había otro remedio) enfrentar la suerte con gallardía, cuando el chico se sacó del bolsillo no la temida faca sino una especie de brazalete coloreado que me ofrecía. Me quedé tan corrido que no recuerdo ni lo que hice –probablemente mascullar una excusa – con lo que se volvió a donde la moto y prosiguieron con su suplicio de infelices durmientes.

         Después me explicaron que se llaman flayers o algo así y son como salvoconductos para entrar en discotecas…

NINFEAS

NINFEAS

Les chastes pétales de la divine fleur.  

        

          Moreau acumula los símbolos en los tatuajes o más bien en la especie de tocado transparente que cubre a Salomé. Son los símbolos del peligro que representa. Bullen los animales dañinos entre motivos decorativos egipcios. Los áspides guardan su garganta, alrededor del ombligo pululan las fieras y los buitres; más abajo. Sobre el pubis un león abre las fauces y deja colgar la lengua. Unos ojos vigilantes se encuentran bajo los senos y el conjunto recuerda inequívocamente al vientre pacificado de la mitología griega. En el pecho destaca el estilizado emblema del loto sagrado cuyo simbolismo en oriente es muy conocido pero que a nosotros nos recuerda a sus primos europeos los nenúfares que imaginamos compartirá sus virtudes medicinales.

    

             Dioscórides las describe con extensión, pero son muy jugosos los comentarios de Andrés de Laguna: “La raíz es negra, áspera y de figura de porra, la cual se arranca por el otoño. Esta, seca y bebida con vino es útil al flujo celíaco y disénterico; resuelve la hinchazón del bazo. Aplicada con pez, sana la tiña. Bébese también contra los sueños venéreos porque los reprime y ataja; y bebida muy a menudo, en poco tiempo vuelve cabizbajo y sin brío aquel miembro que honestamente no se puede nombrar. Parece que se llamó nymphea esta planta de las aguas llamadas nimphas, porque huelga siempre en lugares acuosos. Hállase copiosísima en Hélide, sobre el río llamado Anygro, y en el Aliarto Beótico” sigue más tarde “Bien se pasarán las damas sin esta planta……………… La raíz y la simiente de entrambas resfrían potentemente, y sin alguna mordicación disecan y mundifican. De más desto restriñen el vientre, embotan los apetitos venereos y detienen el flujo espermático. El fumo de las hojas, aplicado a la frente y sienes, es provocativo de sueño. Hácese de las flores un excelente aceite, el cual, echado en los clísteres  y  aplicado por de fuera, da grandísimo refrigerio al cuerpo febricitante y refocila con dulce sueño ansí los vitales espíritus como los animales.”

 Las condiciones en que medra el nenúfar, con las raíces en el fango y las hojas sobre la superficie del agua, lo que fue indicio de frialdad.

Merat en su “Diccionario universal de matière medical” de 1.830 expone: “Ha llegado hasta nuestros días…Poetas y naturalistas la han celebrado a porfía. Y las gentes se han servido del nenúfar para calmar los ardores de la concupiscencia; los piadosos cenobitas del desierto hacían uso frecuente de él; se consumía mucho en los claustros, conventos y seminarios, y sus propiedades atemperantes se creyeron de tanta eficacia, que se le acusó no sólo de enfriar sino de esterilizar, sin embargo –prosigue Merat-  los tártaros, según Pallas, se alimentaban de ella sin que esto redundara en perjuicio de su fecundidad, que su sabor es un poco amargo, viscoso y estíptico, señales de propiedades más bien tónicas e irritantes…….En consecuencia, aquellos observadores no sólo llegaron a dudar de las ventajas del nenúfar contra los estímulos carnales, sino que  tal “destructor de placeres y veneno del amor” como lo apellidó Delille, podía no ser otra cosa sino su excitante. Esta conjetura fue plenamente confirmada por Dubois de Rochefort, que todavía vio usar mucho del nenúfar en los conventos de su tiempo, y que, efectivamente, en lugar  de actuar como refrigerante, observó que de su administración se seguían malas consecuencias”

 

LA BELLE FEMME SANS MERCY

"¿Quién es esta que se levanta como la aurora,
hermosa como la luna,
brillante como el sol,
terrible como un ejército en orden de batalla?"

                                    Cantar de los Cantares

      

         Y nuestros ensueños se llenan de  espejismos entrevistos de mujeres que imaginaban Baudelaire, Nerval o los modernistas finiseculares y, que Moreau hace habitar en sus lienzos con la reiteración del obseso. Las Judith, Salomé, Dalila, Cleopatra, Helena, Betsabé; mujeres sin piedad, terribles como un ejército en orden de batalla, mujeres fatales que oscilan entre la virginidad y el desenfreno, entre El Cantar de los cantares y La puta Babilonia del Apocalipsis, que llenan sus sueños coloreados por el opio con las señales de su deseo: exóticas, vagamente orientales, libres y por eso temibles y capaces de causar destrucción a su alrededor. Ante ellas sólo cabe aceptar el destino de guiñapos sangrientos o mantenerlas alejadas -como hizo el propio Moreau.

          “Des Esseintes buscaba la significación de este emblema. ¿Tenía ese significado fálico que le atribuyen los cultos primordiales de La India? ¿Anunciaba al rey Herodes una ofrenda de virginidad, un intercambio de sangre, una herida impura, pedida y obtenida  bajo la condición expresa de cometer un crimen? ¿O acaso representaba la alegoría de la fecundidad, el mito hindú de la vida, una existencia sostenida entre los dedos de la mujer, y arrancada, destrozada por por las manos palpitantes del hombre enloquecido y dominado por el impulso instintivo y violento de la carne?.

Tal vez el pintor, al otorgar a su engmática diosa el loto venerado, había pensado en la danzarina, en la mujer mortal, en el Vaso profano, causa de todos los pecados y de todos los crímenes. O quizá había querido recordar los ritos del antiguo Egipto, las ceremonias sepulcrales del embalsamamiento, cuando los expertos en esta técnica y los sacerdotes extendían el cadáver de la muerta sobre un banco de jaspe para sacarle la masa encefálica por las fosas nasales aplicando agujas curvadas, y las entrañas por una incisión practicada en su costado izquierdo, a continuación, antes de dorarle las uñas y los dientes, y de untarle con betunes especiales y esencias, le colocaban dentro del sexo, para purificarlo, los castos pétalos de la divina flor.”

(De "A rebours" de J.K. Huysmans)

 

EL LIBRO AMARILLO

EL LIBRO AMARILLO

Nous promenions notre visage

(Nous fûmes deux, je le maintiens)

Sur maints charmes de paysage,

Ô soeur, y comparant les tiens.


L'ère d'autorité se trouble

Lorsque, sans nul motif, on dit

De ce midi que notre double

Inconscience approfondit.

….

Oui, dans une île que l'air charge

De vue et non de visions

Toute fleur s'étalait plus large

Sans que nous en devisions.

S. Mallarmé (Prose pour des Esseintes)

 

           Son muchas las noches que los náufragos pasan delante de la hoguera, unas divertidas o apenas entrevistas después de un día agotador, pero otras son largas, duras y cortantes; en ellas los insomnios como túneles de su largo encierro se visten con los ropajes del ensueño y la fantasmagoría.

           Permanecían absortos largo rato, H. parece despertar, mira a V. que está sentado en una especie de sillón hecho de troncos y lianas y sorprende en su aspecto un hieratismo de icono bizantino, una inmovilidad de emperador mongol que trae a su memoria oleadas de vagos y difusos recuerdos que lentamente cristalizan: poco a poco la vegetación y las peñas que rodean su refugio, iluminados por el movible y vinoso resplandor de la llama de las maderas tropicales, se muta en una extraña basílica cuya sola decoración es perversa: los troncos en altos fustes de esbeltas columnas, las palmeras en cimacios y arquerías refulgentes de dorados mosaicos… fueron fluyendo las frases del libro amarillo que Wilde pone en manos del cínico y corruptor Lord Henry Wotton en el Retrato de Dorian Gray. Los graves aromas de la selva tropical parecen transformarse en sahumerios que salen en pesadas volutas de cientos de pebeteros y el murmullo de la selva en monótono canto de enjoyados eunucos. El mundo se puebla de los símbolos que Huysmans imaginó.

       “Entre todos los artistas, había uno que le entusiasmaba, se trataba de Gustave Moreau, adquirió las dos obras maestras de Moreau y, noche tras noche, soñaba contemplando uno de los cuadros, en el que estaba representada Salomé. En este cuadro se erigía un trono –semejante al altar mayor de una catedral-, junto a incontables arcadas surgidas de macizas columnas, como los pilares romanos, revestidos de adoquines polícromos, engastados de mosaicos y adornados de lapislázuli y sardonix, en un palacio que parecía una basílica de estilo entre musulmán y bizantino. En el centro del tabernáculo que coronaba el altar, al que se accedía mediante unos escalones en forma de semicírculo, se sentaba el Tetrarca Herodes, con una tiara en la cabeza, las piernas junta y las manos sobre las rodillas. Su rostro era amarrillo y apergaminado, surcado de arrugas y diezmado por los años, su larga barba flotaba como una nube blanca sobre las estrellas, brillantes como piedras preciosas, que adornaban perfumes que expelían nubes de vapor traspasadas por el brillo de las gemas engarzadas en los costados del trono, como los ojos fosforescentes de los animales salvajes. El vapor iba subiendo, extendiéndose sobre las arcadas, donde el humo azulado se mezclaba con el polvillo dorado de los grandes rayos de sol que descendían de las cúpulas. Entre la perversa fragancia de los perfumes en la atmósfera sobrecalentada de la gran estancia, Salomé s desliza lentamente de puntillas, el brazo izquierdo extendido en un gesto imperioso, el derecho encogido, sosteniendo una gran flor de loto a la altura del rostro, mientras una mujer, sentada en cuclillas, tañe las cuerdas de una guitarra. Con expresión concentrada, solemne y casi augusta, empieza la lúbrica danza que despertará los aletargados sentidos del viejo Herodes; sus senos se agitan y, al contacto con sus arremolinados collares, se endurecen sus pezones; sartas de diamantes brillan sobre su piel húmeda; resplandecen sus pulseras, cinturones y anillos; y, a través de su ostentosa túnica, bordada con perlas, adornada con plata y laminada en oro, la enjoyada coraza, cada una de cuyas cadenas es una joya preciosa, parece llamear cruzada por sierpecillas de fuego agitándose sobre la carne mate, sobre la piel rosa té, como suntuosos insectos e deslumbrante alas, jaspeados de carmín moteados de amarillo pálido, esmaltados de azul acero y rayados de verde pavón.”

TURPEN SONUM

TURPEN SONUM

Siguiendo la idea que nos manda Charles, hemos seguido rebuscando en torno al sitio dentro de lo que las deficiencias de nuestra formación de ciencias nos han permitido y, aunque pensábamos continuar en comentarios, parece que se ve mejor si hacemos nuevo post.

Hemos encontrado en el mundo clásico (aparte del efecto obvio) tres efectos documentados de la exhibición de la vulva, el primero es el que comentábamos sobre Demeter: la risa y la superación del duelo; el segundo es el de avergonzar a los hombres, por ejemplo Plutarco en Las Apotegmas de los Laconianos refiere que ante la huida de los espartanos en la batalla, las mujeres les salieron al encuentro y, subiéndose las faldas les dijeron: “¿queréis refugiaros aquí de donde habéis salido?; el tercero sería el de infundir miedo (como en el chiste de ayer en los comentarios –cómetelo-), ilustrado por un bronce etrusco hecho para la delantera de un carro de guerra con una Gorgona que muestra los genitales.

Disgreguemos ahora sobre la palabra Baubo y su etimología. Para algunos sería una onomatopeya de los ladridos de los perros del Hékate: “Bau Bau” (y aquí empezamos con los ruidos), relacionada en ese origen con el latín baubari –aullar- y con “baubon” -consolador, olisbo-. Curiosamente aunque la palabra latina vulva no está relacionada –su origen estaría en vaina de habas (Festo) “in volvis intimis” (M. Terencio Varron) y por aquí nos pondríamos de nuevo en relación con los ruidos, leemos “según Plutarco el efecto afrodisíaco del haba se debería a su tendencia a producir gases intestinales. Sin duda es por esta razón por la que también se vinculaba el haba al alma (Psiché) y al viento”. La relación con los ruidos continua, para Eurípides, Demeter se consoló al oír el sonido ctónico de los tambores que hizo tocar Afrodita. Según el Mithographus Vaticanus, los groseros licios hicieron un sonido obsceno ¿pedo? “contra eam turpem sonum emitteret” para enfadar a Demeter y esta los convirtió en ranas graznadoras. Hay una versión cristianizada del mito según la cual, la virgen buscando a su hijo muerto se encontró una rana y al verla tan fea, le dio un ataque de risa. Se puede comparar con la descripción de un padre de la Iglesia, Clemente de Alenjandría, que en el Proteptico dice:

“Después de haber hablado así, Baubo remangó su peplos para mostrar todo lo que tiene de obsceno su cuerpo: el niño Iakchos reía y movía con su mano bajo el regazo (kolpos) de Baubo; entonces la diosa sonrió en su corazón (thymoi); aceptó la copa de abigarrados reflejos en la que estaba contenido el kykeon”.

Como última duda se nos plantea si ese sonido obsceno no sería el que en determinadas circunstancias puede emitir la vagina ¿El ruido sin nombre?

PER ME TRANSITE FIDELES

PER ME TRANSITE FIDELES

          El post oriental del otro día que mostraba una imagen de la Iglesia de Saint Marie en Oloron y los comentarios tienen la culpa de que sigamos por ese camino.

          La primera bifurcación nos lleva a las representaciones de los genitales femeninos personificados que recorren la historia de la humanidad desde los ídolos neolíticos, pasando por las representaciones griegas de Baubo, la vulva mítica, siguiendo con las representaciones en iglesias románicas, las Sheila-na-gig de las iglesias irlandesas del siglo XVI y podíamos terminar con La violación de Magritte.

          El siguiente es la reacción que producen que oscila entre el desagrado: "son grotescas", y la risa.

          Clemente de Alejandría nos narra la exhibición de Baubo y sus consecuencias: Demeter ríe y supera el duelo por su hija Perséfone.

         

          A nosotros nos ha recordado un cuento popular español:

¿Eres tu prenda adorada la que no te rís de nada? Le dice el gañán a la melancólica princesita, un sonoro pedo por medio y lo tenemos de prícipe heredero.

          No sabemos si este será el comienzo de una serie de posts de reivindicación de la injustamente postergada parte que alguien por aquí comparó con un pene chafado de un martillazo.

EL CAÑAMON

          Este viernes nos visita el ilustrado Félix María de Samaniego. Como buen hijo de su tiempo parte de su obra permaneció inédita;   J. López Barbadillo dio con parte de ella en la iglesia de Espinama, rincón perdido de España que es a la vez Cantabria, Asturias y León; allí encuentra un librillo manuscrito de cuentos burlescos, cuentos endemoniados, cuentos empecatados; pero de diablejos alegres y graciosos; picardía, chiste y zumba, cosa española rancia; pecadillos veniales que hacen sonreír a Dios nuestro Señor, según le comenta el viejo párroco.

          Y resulta gracioso que así lo dijera el cura, pues en ellos se nos hace patente el Samaniego anticlerical, pues son los frailes y aun las débiles monjas, quienes aparecen como los más activos en el ejercicio del sexo; que así debía de ser en aquella época, en la que la connivencia amorosa entre las damas y los clérigos era proverbial, como lo atestiguan los datos históricos de la época o la pinta Goya  en sus dibujos y grabados. Frailes de todas las órdenes y grados, panzones y lúbricos, rivalizan en sus actividades eróticas: agustinos, carmelitas, franciscanos, benedictinos, trinitarios, jerónimos, capuchinos. Aunque la tribu monacal de San Benito andaba siempre “a tres pies”, parece que los más potentes fueron los discípulos de San Jerónimo, a quienes se les atribuye la famosa “docena del fraile” (y aquí recordamos a Fray Treze), que visto lo visto, no debían ser de huevos como quiere hacernos creer el refranero, aunque lo enmienda con otro: “Fraile y mujer ligera los hallarás dondequiera”.

          Como muestra de esta deliciosa colección dejamos este cañamón:

  

Cierta viuda, joven y devota,

cuyo nombre se sabe y no se anota,

padecía de escrúpulos, de suerte

que a veces la ponía a la muerte.

Un día que se hallaba acometida

de este mal que acababa con su vida,

confesarse dispuso,

y dijo al confesor: -Padre, me acuso

de que ayer, porque soy muy guluzmera,

sin acordarme de que viernes era,

quité del pico a un tordo que mantengo,

jugando, un cañamón que le había dado

y me lo comí yo. Por tal pecado

sobresaltada la conciencia tengo

y no hallo a mi dolor consuelo alguno,

al recordar que quebranté el ayuno.

Díjola el padre: -Hija,

no con melindres venga,

ni por vanos escrúpulos se aflija,

cuando tal vez otros pecados tenga.

Entonces, la devota de mi historia,

después de haber revuelto su memoria,

dijo: -Pues es verdad; la otra mañana

me gozó un fraile de tan buena gana

que, en un momento, con las bragas caídas,

once descargas me tiró seguidas

y, porque está algo gordo el pobrecito,

se fatigó un poquito

y se fue con la pena

de no haber completado la docena.

Oyendo semejante desparpajo,

el cura un brinco dio, soltó dos coces,

y salió por la iglesia dando voces

y diciendo: -¡Carajo!

¡Echarla once y no seguir por gordo!

¡Eso sí es cañamón, y no el del tordo!

 

CATTLEYA DE TRIANA ( Y II )

          Odette la encuentra  “su preferida porque tenían el raro mérito de no parecer flores, sino ser de seda, de raso, “esta parece que la cortado del forro de mi abrigo”dijo a Swann mostrándole cierta orquídea, con un deje de admiración por aquella flor tan chic, por aquella hermana elegante e imprevista que la naturaleza le daba”, digna de su compañía y de compartir su gabinete con bibelots y chinoiseries.

         

          Proust asimila lo humano a lo vegetal. Es consciente de la humanidad como flora, nunca como fauna. (En Proust no hay gatos negros ni perros fieles). Deplora “el tiempo que uno pierde en tapizar la propia vida con una vegetación humana y parasitaria”. La viuda y el hijo del “amateur” de Sidaner que aparecen en el malecón de Malbec como dos ranúnculos en flor. La risa de Albertine, tiene el color y el perfume de un geranio. Gilberte y Odette son lilas, blancas y violetas. La flor y la planta no poseen deseos conscientes, no tienen la menor vergüenza en mostrar sus órganos genitales; y así son también en cierto sentido, los hombres y las mujeres de Proust cuyo deseo es ciego y duro, pero nunca cohibido, nunca anulado en la pura percepción de un sujeto puro.

         

          La flor  (popularmente lirio de mayo) como suele pasar, la había descubierto un miembro de la expedición de Mutis en el S. XVIII, pero lleva su nombre por el horticultor inglés Cattley.         

           En la Exposición Universal de 1.867, Eugenia de Montijo queda prendada de una hermosa flor; José Jerónimo Triana, botánico colombiano agregado a la embajada de París, incluyó esta flor de mayo de su colección particular; la esposa de Napoleón III pidió que ésta fuera subastada  para fines caritativos, alcanzando los 18 000 francos.  Más tarde, Triana recibió una medalla de oro macizo con la efigie del emperador y un trofeo de porcelana que el científico cambió por un bono de 5 000 francos para paliar su estrechez económica. El gusto de la llamada “emperatriz de la moda”, tuvo una influencia decisiva en el devenir de nuestra flor. Más tarde, Colombia inmortalizó su nombre en la designación científica del lirio de mayo, o Cattleyatrianae.

         

          “Subió con Odette al coche de ella y mandó al suyo que los siguiera.

          Odette llevaba en la mano un ramo de catleyas y Swann vio que bajo su pañuelo de encaje, en el pelo había flores de esa misma orquídea prendidas en un airón de plumas de cisne. Bajo la mantilla llevaba una casaca de terciopelo negro que, recogida al bies, mostraba en un amplio triángulo la parte inferior de una falda de falla blanca y dejaba ver un canesú, también de falla blanca, en la abertura del escotado corpiño, donde se hundían más flores de catleyas. Nada más reponerse del susto que Swann le había causado, un obstáculo provocó un extraño del caballo. Fueron bruscamente desplazados, ella había lanzado un grito y permanecía palpitante, sin aliento.    

          “No es nada, dijo él, no tenga miedo”.

          Y la tenía cogida por el hombro, apoyándola contra él para sostenerla; luego le dijo:

           “Ante todo, no me hable, contésteme solo por señas para no sofocarse más. ¿Le importa que le coloque bien las flores del corpiño? Con el choque casi se han salido. Temo que las pierda, voy a metérselas un poco”….

 

           “Sonriendo, Odette apenas se encogió de hombros, como diciendo “qué tonto es usted, ¿no ve que me gusta?”….

 

          Mas era tan tímido con ella que, aunque esa noche terminó poseyéndola después de haber empezado por arreglarle las catleyas, fuese por temor a ofenderla, fuese por miedo a dar retrospectivamente la impresión de haber mentido, fuese por la falta de audacia para formular una exigencia mayor que aquélla (podía repetirla desde el momento en que la primera vez no había molestado a Odette), los días siguientes recurrió al mismo pretexto. Si Odette llevaba catleyas en el escote, le decía: “¡Qué lástima! Esta noche las catleyas no necesitan que nadie las arregle,, no están fuera de su sitio como la otra noche; pero me parece que hay una que no está muy derecha. ¿Puedo ver si huelen más que las otras?” O, si no las llevaba: “¡Ah! Esta noche no hay catleyas, y no podré dedicarme a los pequeños arreglos”. De modo que, durante algún tiempo, no hubo cambio alguno en el orden que había seguido la primera noche, empezando por tocamientos con dedos y labios sobre el pecho de Odette,  y por ellos siguieron comenzando siempre sus caricias; mucho más tarde, cuando arreglar (o el simulacro ritual de arreglo) las catleyas hacía tiempo que había caído en desuso, la metáfora “hacer catleya”, convertida en un simple vocablo que utilizaban de forma inconsciente cuando querían referirse al acto de la posesión física –en el que por lo demás no se posee nada - , sobrevivió, en su lenguaje, a esa costumbre perdida para conmemorarla. Y acaso esa manera particular de decir “hacer el amor” no significaba exactamente lo mismo que sus sinónimos. Por más harto que esté uno de las mujeres, considerar la posesión de las más diferentes como si siempre fueran la misma, ya conocida de antemano, tratándose de mujeres bastante difíciles –o que nosotros tenemos por tales- se vuelve por el contrario un placer nuevo que nos obliga a hacer surgir esa posesión de algún episodio imprevisto de nuestras relaciones con ella, como para Swann fue, la primera vez, el arreglo de las catleyas. Aquella noche, esperaba temblando (pero se decía que, si Odette resultaba víctima de su astucia, no podía adivinarlo) que fuese la posesión de aquella mujer lo que había de salir de entre sus anchos pétalos color malva; y el placer que ya sentía y que Odette, según él, acaso toleraba únicamente porque no lo había reconocido, le parecía, precisamente por eso –como pudo parecer al primer hombre que lo saboreó entre las flores del paraíso terrenal-, un placer que hasta entonces no había existido y que él trataba de crear, un placer –y el nombre especial que le dio conservó su huella- enteramente particular y nuevo.”

 

CATTLEYA DE TRIANA ( I )

              Los náufragos se abrían paso con dificultad en el espeso bosque tropical. Hace un calor de estufa que hace incómodo avanzar y, además están cansados de un día de exploraciones, así que desean el fresco de la noche y de la playa donde tienen el refugio. El atardecer se filtra entre las frondas de helechos, las lianas y las copas de los árboles. H. exclama un brutal dicho marinero cuando choca contra una rama de árbol que no ha visto en su lucha contra la enmarañada vegetación, pero se vuelve hacia V. con expresión emocionada: “mira, una cattleya”. Y es que en la horcajadura de la rama está una bella orquídea epifita de labelo tricolor. Una cattleya, repite V. y ambos se lanzan por el río de asociaciones que la flor les ha despertado. En su imaginación enfebrecida y exaltada por la soledad, la horcajadura pasa a ser la onda canal entre los senos de Odette de Crécy, el tronco su bien formado talle modelado al antojo de la moda por el corsé, y en la penumbra apareció el resto de una parisina elegante: bucles, corpiño, gasas, volantes, justillos, dobles faldas y bullones de encaje.

              De golpe (ese golpe que era el Swann y Odette) se les ha roto la oscura y blanda protección de la rutina, les ha puesto delante la vida que han perdido o quizás lo que creían tener; ese resplandor inmediato total y delicioso, les ha iluminado con crueldad su existencia y, como siempre no tienen otra salida que perderse en las evocaciones del texto, dejarse llevar por lo que Proust les propone.

           

“Una segunda visita que le hizo tal vez tuvo más importancia. Al dirigirse aquel día a su casa, como siempre que debía verla se la imaginaba de antemano; y la necesidad que sentía, para encontrar bello su rostro, de circunscribir sólo a los pómulos frescos y rosados las mejillas que tan a menudo tenía  amarillas y lacias, picadas a veces de puntitos rojos, le afligía como una prueba de que el ideal es inaccesible y mediocre la felicidad. Le llevaba un grabado que Odette deseaba ver. Estaba algo indispuesta y lo recibió en bata de crespón de China color malva, sujetándose sobre el pecho, como un chal, una tela suntuosamente bordada. De pié, a su lado, con los cabellos sueltos que dejaba resbalar a lo largo de las mejillas, con una pierna doblada en actitud casi de baile para poder inclinarse sin fatiga hacia el grabado que, bajando la cabeza, observaba con sus grandes ojos, tan cansados y desapacibles cuando no se animaba, sorprendió a Swann por su parecido con esa figura de Séfora, hija de Jetró, que puede verse en un fresco de la capilla Sextina. Swann siempre había tenido esa particular afición a encontrar en los cuadros de los maestros no sólo los caracteres generales de la realidad que nos rodea, sino aquello que, por el contrario, parece menos susceptible de generalizar, los rasgos individuales de los rostros que conocemos: por ejemplo, en la materia de un busto del dogo Loredano de Antonio Rizzo, la prominencia de los pómulos, la oblicuidad de las cejas, el clamoroso sosias, en suma de su cochero Rémi; bajo los colores de Ghirlandaio, la nariz de M. de Palancy; en un retrato de Tintoretto, la invasión del gordo de la mejilla por la implantación de los primeros pelos de las patillas, el fruncimiento de la nariz, la penetración de la mirada, la congestión de los párpados del doctor Du Boulbon. Como siempre había tenido remordimientos por haber limitado su vida a las relaciones mundanas, a la conversación, quizás creía encontrar una especie de indulgente perdón concedido por los grandes artistas en aquel hecho: también ellos habían considerado con gusto y acogido en su propia obra esas caras que confieren a ésta un certificado singular de la realidad y de vida, un sabor moderno; quizás, también, se había dejado conquistar tanto por la frivolidad de las gentes de mundo que sentía la necesidad de encontrar en una obra antigua aquellas alusiones anticipadas y rejuvenecedoras a nombres propios del presente. Quizás, por el contrario, había conservado el suficiente temperamento de artista para que tales características individuales le gustasen adoptando un significado más general cuando las veía desarraigadas, liberadas, en el parecido de un retrato más antiguo con un original al que no representaba. En todo caso, y quizá porque la plenitud de impresiones que disfrutaba desde hacía un tiempo, aunque le hubiese llegado más bien con el amor por la música, había enriquecido hasta su gusto por la pintura, el placer fue más profundo, y había de ejercer sobre Swann una influencia duradera, al encontrar en ese momento en el parecido de Odette con la Séfora de aquel Sandro di Mariano a quien conocemos por el sobrenombre popular de Botticelli dado que éste evoca, en lugar de la obra verdadera del pintor, la idea trivial y falsa que de él se ha vulgarizado. Dejó de estimar la cara de Odette por la mejor o peor calidad de sus mejillas y por la suavidad puramente carnosa que suponía iba a encontrar en ellas rozándolas con sus labios, si alguna vez se atrevía a besarla, para considerarla como una madeja de líneas sutiles y bellas que sus ojos se apresuraron a devanar, siguiendo la curva de su envolvimiento, conectando la cadencia de la nuca con la efusión de los cabellos y la flexión de los párpados, como en un retrato de ella en que su tipo se volviese inteligible y claro.” 

Traducción: Mauro Armiño

 

RISO SARDONIO

RISO SARDONIO

             En el capítulo 166 del libro II, que trata de los ranúnculos, Dioscórides se refiere a uno “que nace abundantemente en Cerdeña”; podría corresponder al Ranunculus sceleratus de Linné, al cual nos estamos refiriendo, llamado de algunos, según Andrés de Laguna, “apiastri o apio silvestre, porque se parece al apio en las hojas, dado que se muestra mucho más vehemente; y tanto, que si se come hace torcer la lengua y los labios, de donde vino a llamarse apium risus, que es apio que constriñe a reír, porque los que lo comen se mueren riendo a regañadientes y mal de su grado. De aquí  que, como esta planta se llame también sardonia, porque crece en la mayor parte de Cerdeña, y haga reir sin gana, todos traigan el ya el riso sardonio en común proverbio, entendiendo por él toda suerte de falsa risa, que no nace del corazón… Todas las especies de ranúnculo son en extremo calientes, agudas, cáusticas y muy corrosivas, y ansí no se deben tomar jamás por boca ni aplicar por de fuera sino cuando queremos llamar los humores y hacer ampollas. Suelen con el ranúnculo algunos pobres hacerse llagas para conmover más los ánimos, y con esta industria coger mucho mayor limosna”

 

            Plinio nos cuenta: De la región de Uta, en la isla de Cerdeña, se había hecho traer Kratevas algunos manojos de sardonia, con su blanca cabellera de raíces, y los puso en cultivo en lugar recogido del jardín, hincándolos en tierra qu mantenía anegada con agua de lluvia. Sabía el Rizotomo –que éste era el sobrenombre de Kratevas- que los antiguos sardos usaban esta yerba para sacrificar a los ancianos, lo cual hacían con arrebatada crueldad. Y de esta misma usó él, apartado de la serenidad científica, llegados el día y la causa, que fueron el hacerse manifiesta la preñez de Vira, asiática, esclava, de trece años, a la que Kratevas amaba sin haberla tocado aún en su virginidad.

Fue averiguado que el autor de la preñez, era un mozo, poco más que un niño, servidor de Tigranes, el primer general póntico de Mitrídates, y a este Tigranes compró Kratevas el esclavo por cuanto quiso, sin pararse en avaricias –que eran muchas, según se sabe por las actas que tratan de la sevidumbre a Pompeyo después de la muerte de Mitrídates-. Y escribe Kratevas:

              “De la flor amarilla amasada en el vinagre, puse dos onzas repartidas en los oídos y en los ojos, en las narices y en los labios, en el interior del prepucio y en la profundidad del ano. Hervía la carne y rezumaba una substancia semejante a cardenillo adelgazado en leche. Los gritos llegaron a resultarme molestos. Añadí más vinagre al preparado y le ordené abrir la boca. Obedecido, hice que recibiese en su interior la sardonia líquida. El hombre puso en el aire un solo y gran alarido que fue debilitándose hasta adquirir suavidad musical, y así dio paso a una risa muda sobre el crujido de los dientes. Con las horas, la necia sonrisa se inmovilizó; uñas y párpados se mostraban azules, indicando la interior gangrena; hedía y sus orejas parecían talladas en hielo. Era mozo fuerte y tardó dos días en morir” 

            

             Luego dirán que no es útil esta nuestra página, aquí tiene el curioso lector dos utilidades en una sola planta, por lo demás común y barata; la primera deshacerte de algún familiar o deudo cargante (además con una sonrisa) y, la segunda conseguir en caso de apuro una baja laboral que facilite una temporada de asueto o reflexión. Que todas estas funciones tiene esta planta que se cría en lugares aguanosos y prados húmedos de nuestro país.

EL VIAJE DE MARCEL

EL VIAJE DE MARCEL

          Stevenson y Schwob nunca llegaron a conocerse en persona, tuvieron una amistad epistolar, y Stevenson en alguna de sus cartas le comentó la posibilidad de encontrarse en París, en casa de Lapérouse, cercana al Puentecito donde Villon callejeaba. Marcel prologó la traducción del Dynamiteur y escribió un ensayo sobre Stevenson que está recogido posteriormente en su libro “Espicilegio”; el escrito acaba  con lo que posiblemente le llevó a escribirlo:

          “Ahora el creador de tantas visiones descansa en la isla afortunada de los mares australes.         

          ¡Ay! No volveremos a ver nada con his mind’s eye. Todas las bellas fantasmagorías que aún tenía en potencia duermen en una estrecha tumba polinesia, no lejos de una reluciente franja de espuma: última imaginación, seguramente también irreal de una vida dulce y trágica. “I do not see much chance of our meeting in the flesh”, me escribía. Era tristemente verdad. Para mí permanece rodeado de una aureola de sueño”. 

          En 1901, Marcel, que ha pasado por unos años de febril y afortunada creatividad, se encuentra destruido físicamente, incapaz de abordar el sueño de escribir su gran libro sobre Villon; es entonces cuando escucha la llamada de la estrecha tumba polinesia que le reclama dirigirse hacia ella, en la isla silenciosa. En Octubre de ese mismo año embarca en el Ville de Ciotat, con rumbo hacia una tumba desconocida. Del viaje escribe un diario en forma de cartas dirigidas a su esposa Margarita, actriz que por entonces se encontraba de gira representando Fedra, la tragedia del silencio, imagen de la muerte; es a ella a quien escribe Marcel. Estas cartas forman un verdadero libro, un libro de esbozos, donde anota, como un pintor, los espejismos del cielo y del mar; un libro que tiene el carácter, desazonante y libre, de las existencias fatales, un diálogo epistolar  entre la carne y el mar.

Llega enfermo a Samoa. En sus delirios febriles cree morir. En la rada de Apia solamente ve una línea de casitas bajas de madera sostenidas por pilones:

         “¡Qué soledad, y que inesperado me resulta este espectáculo! No hay nada de nada, nada más que stores que ni siquiera son tiendas de especies de pueblo, y tres hoteles (¡) cuyos bares frecuentan aventureros alemanes, americanos y escoceses de medio pelo y mujeres de Samoa, hermanos maristas, barbudos, sucios y estúpidos.  El Shout for a drink es obligatorio.”

           Pero Schwob decide obturar, con la pantalla neblinosa de las apariencias, la realidad. Huye del abrazo mortal de la agonía; No se aventurará a ver la tumba. No verá la franja relumbrante. Solo piensa en volver, pues no quiere ver lo que iba a ver.

 

           Quien sólo había soñado aventuras, por fin podía vivir una.

           Pero nos queda sobre todo su pobre grito: “Nunca más volveré a irme”

           El 26 de Febrero de 1905 se fue. Tenía treinta y siete años.  

MIGO

MIGO

           Decía Jorge Luís Borges que en todas las partes del mundo hay devotos de Marcel Schwob que constituyen pequeñas sociedades secretas, nosotros estamos convencidos que quizás fueran pequeñas en el momento en que lo dijo, hoy probablemente no sea así; pero cuando uno lo descubre es de esos escritores que quisiera poseerlos como secreto, quizás fuera eso lo que Borges sentía o quería sentir.

          Nosotros llegamos a Schwob desde Stevenson, de quien fue admirador y traductor e inmediatamente entramos en esa sociedad secreta a la que volvemos una y otra vez.

 

LOS HIGOS PINTADOS (MIMO)

          “Esta jarra llena de leche será ofrecida a la dulce diosa de mi higuera. Todas las mañanas verteré leche nueva, y, si complace a la diosa, llenaré la jarra de miel o de vino puro. Así la veneraré desde la primavera hasta el otoño, y si una tormenta rompe la jarra, compraré otra en el mercado de los alfareros, aunque la arcilla esté muy cara este año.         

          A cambio, ruego a la dulce diosa que preserva la higuera de mi jardín que cambie el color de los higos. Eran blancos, sabrosos y azucarados, pero Iolé se ha cansado de ellos. Ahora  desea higos rojos y jura que serán mucho mejores.        

         No es natural que una higuera de higos blancos dé higos rojos en otoño, sin embargo Iolé lo quiere así. Si he sido devoto con los dioses de mi jardín, si les he trenzado coronas de violetas y les he ofrecido aguamaniles llenos de vino y leche, si he agitado amapolas para ellos a la hora en que el sol besa la crestería de mis murallas entre las nubes de moscas que se apoderan del aire de la noche, si soy digno de su amistad por mi religión, haz, oh, diosa, que florezca tu higuera con higos rojos.        

         Si no me escuchas, no dejaré de venerarte con jarras frescas pero me veré obligado a levantarme al alba, en la estación de los frutos, para abrir sutilmente todos los higos nuevos y pintar su interior con la bella púrpura de Tiro.”

LA VERDADERA PERLA NEGRA ( y II )

LA VERDADERA PERLA NEGRA ( y II )

            El disco que quieren hacer Gore Verbinski y Johnny Depp  jamás lo admitiría la factoría Disney, así que el director habla con su viejo amigo Brett Gurewitz, almirante del sello Anti, y estos llaman a Willner ofreciéndole el puesto de capitán de la nave.

Willner  solamente tenía una referencia de la que partir hacia ese mundo, un “Blood Red Roses”  escuchado a sus 15 años en la radio de su casa (en nuestro caso sería el Drunken Sailor de “Nuestro Pequeño Mundo”). Se encuentra con un universo musical inexplorado, su primera misión antes de zarpar será encontrar el mapa del tesoro. Ha de hacer un trabajo de arqueología musical; con el tiempo y, con ayuda de las grabaciones de los musicólogos Alan Lomas y John Jacob Niles, reúne unas 400 canciones, la mayoría de ellas inéditas. Entre todo lo encontrado Willner elige 75 temas ateniéndose a su gusto musical, no han de ser las letras, en casos obscenas, lo que le limite.

 

              El título lo dice claro, baladas piratas, canciones de la mar y chanteys o shantys; estos últimos son cantos normalmente de llamada-respuesta con los que se acompañaban los marineros en los trabajos de a bordo, los hay de cabestrante (Leave Her Johnny), de driza (Long Time Ago), de achique (Fire Down Below) … aunque también los hay de celebración (Dead Horse) o simplemente de entretenimiento en los ratos libres.

             Willner habla con el segundo de a bordo, Bill Frisell, con quien comienza a trabajar en  Seattle, la nave irá recorriendo el mundo, fondeando en Londres, Dublín, New York y Los Angeles.

            Reclutar la  tripulación no es ningún problema, el capitán Willner jamás ha recibido un no a sus llamadas. Algunos de los marinos y piratas que se embarcan son viejos conocidos (Lou Reed, Nick Cave, Mary Margaret O'Hara, Bill Frisell, , Van Dyke Parks, Rufus Wainwright ,Sting, Gabin Friday ), otros han llegado con recomendación y buena hoja de servicios (Bryan Ferry, Kate McGarrigle, Loudon Wainwright III, Jarvis Cocker, Bob Neuwirth, Bono, Baby Gramps, Eliza Carthy, Martin Carthy, Jack Shit, Ed Harcourt, Andrea Corr, el actor John C. Reilly, , Anthony sin los Johnsons…) y algunos que afortunadamente pasaban por allí (Jollie Holland) en la tripulación de Hal el grumete más inexperto lleva colgando su arete.

              Así surgen estos 43 temas que nos hablan de todo lo que rodea al mundo del marinero, ese mundo tan dado al canto, todo aquello que tan bien ha reflejado la literatura pero del que apenas habían quedado registros musicales: sus miserias (One Spring Morning), sus hazañas (Boney, Blood Red Roses), sus putas (Sally Brown), sus borracheras (Bully In The Alley, Fathom The Bowl, Drunken Sailor ), sus supersticiones (Old Man of The Sea , The Mermaid ), sus amoríos (Farewell Nancy, Caroline and Her Young Sailor Bold,, Pinery Boy, Spanish Ladies, esta sin letra en la versión de este disco), sus leyendas (Lowlands Hawai, A Drop of Nelson's Blood ), su humor (Little Boy Billy) , sus críticas (The Cruel Ship's Captain, Bonnie Portmore, My Son John), sus trabajos (Greenland Whale Fisheries, Dying Sailor to His Shipmates)

Y todo ello envuelto en un digipak, libreto generoso incluido, con la reproducción de un sugestivo Marooned Pirate, óleo de Howard Pyle, uno de los grandes ilustradores estadounidenses, que frecuentó con su plumilla el mundo de los piratas.

 

            De esta forma, de la tronera de una superproducción millonaria nace la verdadera perla negra, que es oveja, pero sin lugar  a dudas es, sobre todo, un patito feo con mucho mayor alcance que su madre putativa.

 

            Como todo disco, es redondo, pero igualmente tiene sus fallos, y uno, que esperamos se subsane con la continuación de las grabaciones, llama especialmente la atención: falta  el más legendario de nuestros piratas, Tom Waits, asiduo colaborador de Willner y quien ha grabado sus últimas hazañas en el sello que edita este. Quien sabe, quizás la sorpresa sea un disco no colectivo, en el que Tom Waits ponga su voz al resto de material seleccionado. Amen.

PECIO NETO

PECIO NETO

            

La botella encontrada esta semana trae consigo un  escrito firmado por el destacado miembro de la Sociedad de Amigos de los Clérigos Andaluces, Catulino Jabalón Cenizo, en ella encontramos un curioso soneto del poeta conquense fray  Treze de Minglanilla de quien al parecer es un gran estudioso. Para que se tenga un mejor conocimiento de fray Treze, reproducimos la nota introductoria de Don Catulino Jabalón Cenizo:

 

“Muy escasa noticia ha llegado hasta nosotros de fray Treze de Minglanilla (1619-1718), poeta conquense, bachiller de Alcalá y alférez en Indias que, hastiado del mundo y de sus pompas y vanidades, entró en religión a los noventa años y aún duró nueve más. Hartzenbusch, Tratado de la ebanistería literaria, tomo I, parte II, capítulo XXI, nos dice de él que fue un vate virgiliano y elegíaco, y Menéndez Pelayo, Historia de los ortodoxos españoles (inexplicablemente inédita), tomo CXVII, parte LIII, capítulo CCV, parágrafo XII, afirma que la nostalgia fue su musa y el arrepentimiento su espuela y acicate. Ambos tratadistas lo confunden con fray Treze de Bayona (hoy Titulcia), once años más joven y autor del famoso Cancionero de txoteos preparatorios del miércoles de ceniza, y del no menos conocido Florilegio de las vírgenes de Argamasilla, libro que motivó su encarcelamiento de orden del Santo Oficio.

Fray Treze de Minglanilla, si amador generoso, fue poeta cicatero que nos deja la miel en los labios merced a su lírica parvedad. De él y de sus versos preparamos una comunicación que haremos pública en el undécimo simposio de la Sociedad de Amigos de los Clérigos Andaluces (SACA), que tendrá lugar en Bolonia, el día de los Santos Inocentes de 2016. Vaya hoy por delante  -heraldo de nuestra admiración y respeto- el soneto que aquí se transcribe, tal cual.

                                                                                                     

                                                          Catulino Jabalón Cenizo

 

 Soneto de los goces, truncos o fabulilla del carajo que, harto ya de pecar, rindió su furia vagabunda

(Tipografía de Ludovico, el calvo, Amberes, mcmlxiv)

 

SONETO

Este que veis aquí, triste carajo,

Pálido, desmedrado, ruin, canijo,

Fuera en tiempos ya idos arquepijo

Y el rey de los cipotes a destajo.

 

¡Oh, el inclemente y fiero desparpajo

Con que embestía contra el entresijo,

Do lo hubiere! ¡Oh, el árdido amasijo

Que escupía su fiero y gentil tajo!

 

Pero el tiempo pasó y la calentura,

Y aquella máquina infernal de entonces

Ya no es héroe ni de héroe es su figura.

 

¡Ay, la miseria en que pararon bronces!

¡Ay, el dolor con que dejó el trabajo,

Quien fue carajo y terminó en badajo!

LA VERDADERA PERLA NEGRA ( I )

LA VERDADERA PERLA NEGRA  ( I )

            La mejor frase de Jack Sparrow  se produce fuera de plano: “Hal, te necesitamos”. J. Deep se encuentra tan metido en su personaje que imagina un disco de canciones de piratas, marinos y demás gente de mar, algo que se salga de la manida “Ron, ron, ron, la botella de ron”.

           

            Hal no es  otro que Hal Willner. Nadie mejor que él para cumplir esta tarea. Willner, lleva dos décadas haciendo discos de tributo, reuniendo a músicos de diferentes estilos y lugares, músicos mainstream con músicos marginales e independientes; su forma de producción es muy clásica, se limita a elegir los temas, a  los músicos de su gusto que cree más apropiados para el proyecto, decidir que tema va a interpretar cada cual o como mucho dar al intérprete a elegir entre tres o cuatro temas y, sobre todo, crear el clima propicio e implicar profundamente a todos los que forman parte de ese proyecto; el resultado es un menú al que no le falta nada; tiene sus entrantes, su primer suculento plato, su ración de carne, todo ello regado con los mejores vinos, y  un postre dulce acompañado de un buen aguardiente. Sus producciones van de discos como “The Carl Stalling Project”,  en el que crea una fascinante secuenciación de melodías, ritmos, diálogos y extravagantes sonidos procedentes de films realizados entre 1936 y 1958 con los temas del mejor compositor de cartoons de todos los tiempos, Carl Stalling, a la  caja de seis Cds con actuaciones de Lenny Bruce. Pero es, como decimos, reconocido principalmente por sus discos de tributo, de los que hasta hoy Willner había producido ocho:

            “Amarcord Nino Rota”  (1981), temas de N. Rota para películas de Fellini interpretadas fundamentalmente por  una extensa y excelente lista de músicos de jazz.

“That’s the Way I Feel Now. A Tribute to Thelonious Monk” (1984), 23 temas de Monk interpretados por músicos fundamentalmente de jazz, pero en el que ya incorpora algún músico de otros estilos.

            “Lost In The Stars. The music of Kurt Weill” (1985) y su continuación “September Songs. The music of Kurt Weill” (1997), realizando en estos una producción totalmente ecléctica en la que podemos encontrar  a Nick Cave dando vida  a Maquinavaja, Pirata Jenny por Lotte Lenya, la soprano Teresa Stratass, William S. Burroughs interpretando La opera de los tres peniques, 'What Keeps Mankind Alive?  por Tom Waits, Lou Reed en el tema que da nombre al primer disco, Elvis Costello, Betti Carter, Charlie Haden, Carla Bley, John Zorn, Marianne Faithfull, Sting…

            “Stay Awake. Interpretations of Music from Vintage Disney Films” 21 temas de la factoría Disney en el que Tom Waits reinterpreta “Heigh Ho” la marcha de los enanitos, Aaron Neville  la marcha de Mickey  Mouse, la preciosa  Someday My Prince Will Come es un poco maltratada por Sinead OConnor y Sun Ra deconstruye maravillosamente “El desfile de los elefantes rosas”, acompañados por excelentes músicos de jazz.

           “Weird Nightmare. Meditations on Mingus” (1992), quizás el más conceptual de sus trabajos y el para nosotros, hasta ahora, su mejor disco; sigue el eclecticismo, músicos de la vanguardia neoyorquina como Bill Frisell, Gary Lucas, Greg Cohen, Don Byron, Bobby Previte, Geri Allen; músicos de jazz “puro”, el rapero Chuck D (Public Enemy), Keith Richards (los tres temas en los que intervienen, son lo mejor del disco), Elvis Costello…, acompañados en casi todos los temas por Michael Blair que toca instrumentos caseros fabricados por Harry Partch.

           “Closed On Account of Rabies. Poems and Tales of Edgar Allan Poe” (1997) un doble CD que contiene poemas y cuentos de Poe, a veces recitados, como “El cuervo”, maravillosa interpretación la que hace el actor Christopher Walken,  “La máscara de la muerte roja” recitado por el también actor Gabriel Byrne o Diamanda Gàlas en “El gato Negro”, otras versionadas musicalmente, como hace Jeff Buckley con “Ulalume” o  Dr. John con “Berenice”.

            Y el último hasta este año “Stormy Weather. The music of Harold Arlen” (2003), tributo al famoso compositor musicales y bandas sonoras, inolvidables “Stormy Weather” o la preciosa “Over the Rainbow”.

            Este mismo año se ha editado también “Leonar Cohen. I’m Your Man”, la banda sonora del espectáculo del mismo título grabado en Brighton y Sydney. Nada podemos decir de este disco pues todavía no se encuentra en nuestro pais, pero estamos en ello, que también somos piratas modernos.

            Si el tributo a Harold Arlen  nos había dejado un poco fríos a pesar de contener alguna gema, Hal Willner ha retomado el vuelo, ¡y de qué manera!, ofreciéndonos la verdadera perla negra de “Piratas del Caribe”: “Rogue’s Gallery. Pirate Ballads, Sea songs & Chanteys” .

LAS TUERAS Y LAS VECINAS (y II)

LAS TUERAS Y LAS VECINAS (y II)

              La etimología de tuera que da la RAE  es del mozárabe turáh este del bajo latín phthorá que provendría del griego “ruina”.

              El Corominas ignora el vocablo pero se extiende con “Tuero”  que es “un palo seco cortado para encender” y viene del latín “Torus” –“hinchazón de una planta” “bulto o protuberancia en un terreno, en un madero, una cuerda, un músculo”. Se nos ocurre si la calabacica no vendría a ser como una hinchazón de la planta y tener el mismo origen.

 

              De tuero viene también la palabra “toral”  “que tiene más fuerza y vigor, arco toral, fundamento toral”

 

             Y derrotando por el diccionario, resulta que comparte página con la humilde voz “TUERCA” que guarda impensables tesoros porque resulta que el muy erudito D. Joan, comienza así la entrada: “origen incierto, probablemente alteración del más antiguo puerca – en portugués porca-, por influjo de la t del contrapuesto tornillo; el nombre antiguo puerca se explica por una comparación fálica del tornillo y la tuerca con el puerco y su hembra”.

 

              Después de desgranar autoridades, empezando por Covarrubias y siguiendo por vericuetos en otras lenguas como el muy jugoso por las lenguas germánicas, resulta que puerca en franco antiguo es escroue (del latín escrofa, hembra del cerdo), en alemán schraube, y en inglés screw que, como sabéis, es el término vulgar para aludir al acto sexual; y sigue: “el punto de partida ideológico está en todas partes en el latín “porcus” vulva. Curiosamente, no alude a la forma peculiar del miembro viril del cerdo.

 

              Terminamos con una referencia literaria: “The turn of screw” mantiene la ambigüedad del término y tiene una acertada traducción al castellano en “Otra vuelta de tuerca”.

LAS TUERAS Y LAS VECINAS ( I )

LAS TUERAS Y LAS VECINAS ( I )

                 Hoy es el hallazgo de una mata de calabacillas silvestres lo que dispara las divagaciones de los náufragos.

    - ¿Será comestible?. – dice H, que ya las imagina de guarnición del cabrito que les espera asándose entre piedras calientes.

    - V respondió con zumba – Pruébalas si quieres, creo que aquí en Sudamérica la mayor parte de las cucurbitáceas son comestibles, como no estamos en España no hay cuidado de que sean tueras.

    -¡Tueras, tueras! Solamente conozco la palabra –dice H­-  hay un poema de Miguel Hernández en el que la nombra- y al momento vienen a su boca los versos que recita 

 Fuera menos penado, si no fuera
nardo tu tez para mi vista, nardo,
cardo tu piel para mi tacto, cardo,
tuera tu voz para mi oído, tuera.

Tuera es tu voz para mi oído, tuera,
y ardo en tu voz y en tu alrededor ardo,
y tardo a arder lo que a ofrecerte tardo
miera, mi voz para la tuya, miera.

Zarza es tu mano si la tiento, zarza,
ola tu cuerpo si lo alcanzo, ola,
cerca una vez, pero un millar no cerca.

Garza es mi pena, esbelta y triste garza,
sola como un suspiro y un ay, sola,
terca en su error y en su desgracia terca.
 

    - Viene muy a pelo, primero porque siempre es en literatura el paradigma de lo amargo y segundo porque la tuera – citrullus colocynthis- se utilizó en la farmacopea clásica porque su principio activo, la coloquíntida, es un potente purgante y como tal ayudaba a evacuar la bilis negra – dijo V, que continuó – Recuerdo haberlas visto en el Cabo de Gata con sus tallos rastreros de un verde grisáceo y los frutos como calabazas del tamaño de una naranja

   

      - Y sin salir de la poesía -dice H- ahí va esta estrofa de un poeta almeriense::

A una madre que al pecho pone tuera,
¿qué pantanos ahogan de amargura
para dar hiel a quien la miel le diera?
 

     Imagino que se usaba para que los niños aborrecieran el pecho de sus madres

 

    -Pues para citas literarias, ni más ni menos que el Quijote – dice V –:

    

     -¡Y como que si queda lo amargo! – respondió la condesa -,  y tan amargo, que en su comparación son dulces las tueras y sabrosas las adelfas 

    -La recuerdo porque al leerlo se produjo uno de esos cruces  entre dos aficiones que se subrayó con el placer de descubrir un error en la anotación de la, por otra parte impecable, edición de Francisco Rico –la confunde con el acónito o matalobos que es una ranunculácea.