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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2006.

03/09/2006

LA JOFAINA BAUTISMAL Y EL ARCON DE GRANO (I)

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             “-Abuelo –decía a veces el joven Hans Castorp al entrar en el gabinete, poniéndose de puntillas para acercarse a la oreja del anciano-, enséñame la jofaina bautismal, por favor.

               Y el abuelo, que de todas formas ya había echado hacía atrás el faldón de su larga y blanda levita y sacado un manojo de llaves del bolsillo, abría la vitrina, de cuyo interior salía un inconfundible olor, agradable y misterioso, que el joven aspiraba. Allí dentro se guardaban toda suerte de objetos fuera de uso y, precisamente por eso, fascinantes: un par de candelabros de plata combados, un barómetro roto con figuritas talladas en la madera; un álbum de cromos; una licorera de cedro; un pequeño turco…….; una antigua maqueta de un barco y, al fondo, hasta una ratonera . El anciano, sin embargo, sacaba del compartimento del centro una jofaina redonda de plata muy oxidada, que se hallaba sobre una bandeja también de plata, y mostraba los dos objetos al muchacho, separando uno del otro y dándoles la vuelta una y otra vez entre explicaciones ya muchas veces oídas.

                Originariamente, la jofaina y el plato no pertenecían al mismo juego, como enseguida se veía y como el niño volvía a oír cada vez; pero –como decía el abuelo- habían sido reunidos por el uso desde hacía unos cien años, es decir, desde la compra de la jofaina. Era bonita, de forma sencilla y elegante, muestra del austero gusto reinante a principios del siglo pasado. Lisa y sólida, reposaba sobre un pie redondo y estaba bañada en oro en el interior, aunque el paso del tiempo no había dejado de aquel oro más que un pálido resplandor amarillento. Como único adorno tenía una corona en relieve de rosas y hojitas dentadas en el borde superior. En cuanto a la bandeja, en la cara interior se podía leer su antigüedad, mucho mayor. <1650> rezaban unos números muy recargados, y enmarcaban la cifra todo tipo de ornamentos sofisticadísimos, realizados a la “manera moderna” de otra época, voluptuosos y caprichosos; escudos y arabescos a caballo entre estrellas y flores. En el reverso de la bandeja, en cambio, en los distintos tipos de letra correspondientes, estaban grabados los nombres de los cabezas de familia que, en el transcurso de los tiempos, habían sido propietarios del objeto: ya eran siete, y junto a cada uno figuraba también el año de la transmisión de la herencia, y el anciano de la corbata de lazo se los iba señalando uno tras otro a su nieto con la punta del índice en el que llevaba el anillo. Allí estaban el nombre de su padre, el de su abuelo y el de su bisabuelo, y luego el prefijo se doblaba, se triplicaba, y hasta se cuadriplicaba en la boca del narrador, y el joven, con la cabeza inclinada a un lado, con la mirada muy fija en actitud reflexiva o también soñadora y relajada y con los labios devotamente entreabiertos,  escuchaba ese “tatara-tatara” ese sonido oscuro que evocaba la tumba y el paso del tiempo, que sin embargo, reflejaba los indisolubles y devotamente conservados lazos entre el presente y la propia vida y el pasado remotísimo, y que producía en él un extraño efecto, tal y como se manifestaba en su rostro. Al oír un aire frío y con cierto olor a moho, el aire de la iglesia de Santa Catalina o de la cripta de San Miguel; creía sentir en sus oídos el aliento de esos lugares en los que, con el sombrero en la mano parece imponerse caminar con devoción, inclinándose y tambaleándose ligeramente para no apoyar los tacones de las botas……”   

 

                                                  De nuevo sobre las oscuras arenas de la playa, los náufragos han rescatado un grueso volumen, uno de esos libros que se ponen en relación con lejanas y lentas adolescencias, con tardes de calor y vencejos y el crujido de las malas copias de los cines de verano.

                    Cuando más pasa el tiempo, uno duda más de los recuerdos y aquí se incluyen también los recuerdos de las lecturas. ¿Qué fue lo que leímos? Se preguntan al hojear de nuevo uno de estos libros oceánicos llenos de referencias simbólicas e intertextuales que  parecen querer abarcar una época. Quizá –piensan- la única razón por la que mereció la pena haberla leído entonces es que posibilite leerla con tanto gusto ahora.

 

                    No se les ocurre mejor descripción del espíritu burgués, Mann  retrata con absoluta precisión una clase y una época; pero también participa de la atmósfera del cuento: el abuelo que relata al niño una historia cien veces repetida que este escucha con la hipnótica atención con la que un pequeño indígena escucha los mitos fundacionales de su tribu. La Montaña Mágica  es también una caja encantada de donde salen toda clase de sorpresas

                   En esta novela de iniciación se utiliza el episodio de la jofaina para describir la personalidad del joven Hans Castorp, sus firmemente asentadas creencias y las normas que deberían marcar su vida y que se van a ver sacudidas en la cima de la montaña.         
03/09/2006 22:41 Autor: devereyherrigardens. #. Hay 12 comentarios.

06/09/2006

LA JOFAINA BAUTISMAL Y EL ARCON DE GRANO (II)

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                  La playa se encoge hasta convertirse en un recargado gabinete atestado de muebles, bibelots y cortinajes de la Alemania de principios del Siglo XX  en el que no falta de nada. Hay instrumentos ópticos como el imprescindible estereoscopio y sobre todo un gramófono que va a dar mucho juego, pero no van a faltar los últimos adelantos en ciencia médica que producen bellas y admiradas radiografías; tampoco pueden faltar los veladores movidos por oportunos y educados espíritus. Mann comparte con Balzac su pretensión de describirlo todo y con Proust la de hacerlo desde un grupo cerrado.

                 Lo curioso es que consigue que le sigamos con avidez y sin apenas desmayos a lo largo de prolijas y arduas disquisiciones protagonizadas por los eternos rivales Settembrini y Naphta.

                 No debe haber un autor que se preste menos al resumen que este, nos gusta por su monumentalidad y su tamaño, reducirlo es ridículo, piensan.

                Pero es agradable dejarse llevar por las asociaciones  que les van inundando lentamente mientras recrean esa atmósfera pura y vacía que envuelve  una casa de  muerte y enfermedad que escuchamos en forma de toses, estertores,  y toda clase de sospechosos, sibilantes, obscenos o amenazadores ruidos.

                Entre el ruido de las olas les parece escuchar música, alguna ingenua y popular, por supuesto valses, pero también un lied, óperas – es curioso que, a pesar de Wagner, la que más se escucha es Carmen, que les parece muy en relación con la idea de la mujer del autor – para él  siempre parece estar del lado de lo irracional-, de lo que te arrastra en sentido contrario del deber, de la razón y del honor. Les recuerda en eso a la Flauta Mágica, con sus dos polos, la Reina de la Noche, y Sarastro -La luz y las tinieblas-.

              En la noche tropical, añoran con nostalgia el tiempo en que la elección era posible.

             

06/09/2006 18:01 Autor: devereyherrigardens. #. Hay 10 comentarios.

07/09/2006

LA JOFAINA BAUTISMAL Y EL ARCON DE GRANO (Y III)

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EL ARCON DE GRANO

 

 

Seguimos divagando por los senderos que nos propone la Montaña Mágica y del “pálido resplandor amarillento” que el oro ha dejado en la jofaina pasamos a una tarde dorada y calurosa de otra montaña, esta en el sur de España. Descubrimos en la cámara de una casa humilde que habitaban personas que vivían al límite de la supervivencia un arcón de pino bastamente trabajado de los que se utilizaban para guardar el trigo que nos permitió revivir una escena similar a la que daba tanto placer a Hans Castorp, porque en la parte interior de la tapa había una anotaciones a lápiz de ingenua caligrafía que ponían nombres y fechas, por ejemplo: “el serrano Pedro Jiménez murió el ……” pero también creemos recordar que había fechas de nacimientos, y abarcaba varias generaciones. Es posible que un abuelo haya explicado alguna vez a algún nieto la historia de la familia y fuese escuchado con la misma unción.

 

07/09/2006 23:55 Autor: devereyherrigardens. #. Hay 10 comentarios.

15/09/2006

PECIO MUSICAL

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           Los náufragos, a pesar de esta ausencia que se nos recrimina no sin razón, seguimos saliendo a navegar, unas veces por no perder esa costumbre tan arraigada de sentirnos rodeados de infinito mar, otras en busca de alimentos, otras atraídos por la incierta visión de un objeto flotante al que suponemos una de nuestras pertenencias. Muchas de las veces volvemos con una vieja chapa clavada a una tabla, una raíz de caprichosa forma, cosas a las que solamente nuestra mente va poniendo valor, así vamos formando nuestro rincón de pecios; esta vez el hallazgo ha sido una botella que ha hecho un largo recorrido hasta llegar hasta estas orillas; algún desconocido la echó a la mar sabe Dios con qué propósito, pero al fin ha llegado a su destino y esto nos ha hecho sentir más náufragos.

P.D.  Les rogamos sean constructivos en sus críticas pues el jovenzuelo es hijo y ahijado  de los que hemos encontrado la botella.   

15/09/2006 19:43 Autor: devereyherrigardens. #. Hay 10 comentarios.

26/09/2006

MILON DE CROTONA (I)

           

           Es fama que Milon, el más laureado atleta de la antigüedad, poseedor de una fuerza descomunal, ya anciano y después de haber  luchado y ganado a todos los hombres de su época, se propuso luchar contra la naturaleza encarnada en un añoso y medio descoyuntado roble y que, al intentar desgajar el nudoso tronco, le quedo presa la mano en su interior  de modo que fue devorado por los lobos (y las lobas).

            Su imagen que ha generado tantas representaciones a lo largo de la historia, nos sume en un mar de reflexiones y nos sirve de espejo no por su fuerza ni por la apostura de gastador con que se pinta sino por estar, ya en el declive de los años, atrapado al roble como nosotros a  esta isla.

26/09/2006 01:36 Autor: devereyherrigardens. #. Hay 14 comentarios.

27/09/2006

MILON DE CROTONA (Y II)

Milon de Crotona 

                 Divagar sobre Milon nos lleva a recordar su representación más conocida, la escultura de Pierre Puget que se encuentra en el Louvre.

                 Recordamos como nos llamaba la atención entre la magnífica colección  de escultura quizás por su dramatismo o tal vez por su puesta en escena que te hace partícipe de lo representado.

                 Tal vez su artificio choque con nuestro modo de ver las cosas, nos llamaba la atención la pequeñez del león en que Puget transfiguró a los lobos y la ridiculez del tocón  que por contraste, hacen enorme al atleta; pero aquí el escultor, en la estela de Bernini consigue una apoteosis de la estética barroca. La torsión del cuerpo y de los paños que giran en una suerte de trágico baile y que crean unas complejas líneas de fuerza que vehiculan el espasmo de dolor y de fuerza impotente.

                 Que el barroco francés de la época de Luís XIV haya sido capaz de continuar con aparente fluidez los modelos clásicos –son patentes las huellas del grupo de Laocoonte- nos hacía pensar en que en España no se había mantenido esta continuidad, tal vez por nuestra histórica propensión al costumbrismo, quizás por la dificultad para tomarnos demasiado en serio la antigüedad clásica –Velázquez si pinta a Baco y compañía, pinta unos borrachos- y que tiene su correlato en la escritura (no hay Racines españoles).

                  Las divagaciones de nuestra ociosa existencia nos llevan hasta Juan Benet que escribió sobre las dificultades del Grand Style en nuestro país y lo que él llamaba “La entrada en la taberna”.

                  Sólo una frase hablando de ese instante que hemos creído encontrar en el Milon: “sucede siempre después del mejor momento, cuando la distancia al gusto y a la predilección populares ha pasado por un máximo. Puede ser el origen o el final de ese periodo que a veces se llama manierismo, anterior a la decadencia franca,..” y “Para hablar brevemente, este punto singular está definido –en un estilo que ha conocido la gloria- por una aproximación a las fuentes originales, por un acercamiento a las raices y gustos populares, incluso haciendo uso de aquellas sublimadas y sofisticadas invenciones que situadas en el cenit parecen tan alejadas de la expresión natural. En tal momento la epopeya, cansada tal vez de tanto héroe y tanto Olimpo, entra furtivamente en la taberna para descansar sus dilatadas pupilas con las medias luces de los interiores humildes, para volver a saborear los caldos plebeyos y regalar su oído, ensordecido por el toque de los clarines y el galope de los caballos, con las delicias de la lengua llana y los giros de la gente común”.

       

                    Arropados con el murmullo de la prosa benetiana, cerramos los fatigados ojos y dejamos el resto para otros días.

27/09/2006 01:00 Autor: devereyherrigardens. #. Hay 7 comentarios.

29/09/2006

PECIO SIN PRECIO

29/09/2006 02:08 Autor: devereyherrigardens. #. Hay 8 comentarios.


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