De Vere y Herri Gardens |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2007.
El año 1946 se estrena la película “Les Portes De La Nuit” de Marcel Carné, maestro del realismo poético francés. Jacques Prévert, el poeta, guionista y letrista unido a las vanguardias literarias francesas, fue el guionista de esta y otras películas de Carné, su relación más fructífera como guionista. Según algunos críticos la película ha envejecido mal debido sobre todo a la carga retórica subordinada al guión; indudablemente no es una de las mejores películas de Carné, sobre todo si tenemos en cuenta que el año anterior había realizado la magnífica “Los niños del paraíso” también con guión de Prévert, pero no es eso lo que nos importa ahora. La banda sonora de la película es de Joseph Kosma, otra fructífera alianza de Prévert, con quien compuso un gran número de canciones, y en esta banda sonora se encuentra interpretada por Yves Montand la canción “Les Feuilles Mortes” Cuando en 1949 Johnny Mercer adaptó la letra al inglés consideró que el título del tema no era apropiado para una canción popular americana y lo cambió por “Autumn Leaves” (no han cambiado nada estos yankis). La primera grabación del tema en inglés la hizo la cantante Jo Stafford el año 1950, este disco pasó sin pena ni gloria, pero la grabación que hizo en 1955 el pianista Roger Williams (un Richard Clayderman de la época) tuvo un éxito inmediato de ventas y permaneció en las listas de éxitos de EEUU durante varios meses. Este éxito dio paso a un gran número de versiones. En 1956 Columbia produce una película titulada “Autumn Leaves”, protagonizada por Joan Crawford y Cliff Robertson; en los créditos de esta película suena “Autumn Leaves” en la voz de un Nat King Cole caminando hacia su popularísima faceta de cantante melódico después de abandonar su carrera como magnífico pianista de jazz. Al año siguiente, 1957, son varios los músicos de jazz que graban “Autumn Leaves”, entre los más sobresalientes, Duke Ellington, Dizzy Gillespie y Coleman Hawkins. El tema es inmediatamente incorporado al repertorio de un gran número de jazzistas y pasa a ser un standard. No queremos pasar la Fiesta Nacional sin celebrarla en nuestra casa, por eso y siguiendo los consejos dados por Don Mariano en su regio discurso de ayer, intentamos exprimir nuestros resecos corazones y sacar un hondo sentimiento patrio para compartir con los amigos. La música de hoy está aquí. Más información sobre el tema aquí. Que ustedes la disfruten y pasen un feliz puente. Pero esta exposición me ha llevado también hasta los años de la adolescencia de otra manera: Me parecía estar recorriendo de nuevo la casa de la plaza de el Bermejal con los bocetos y los cuadros a medio terminar colgados, charlando con Rosi, su viuda que tras su muerte tuvo que volver a Linares y abrir una guardería con la que la familia se sostuvo durante años, esa casa vieja y llena de recovecos fue para mí una segunda casa llena de dicos de jazz, fotografías, archivos y en la que, gracias a Rosi, aún parecía continuar el proceso de creación. La pasada semana se concedieron los IgNobel; rebuscando en la memoria V recuerda como hace algunos años uno de los premios recayó en un estudio sobre la relación existente entre la música country y el suicidio en EEUU; -las personas que escuchaban country se suicidaban más –no más veces, añadió V. Antes de que acabara, H había exclamado -¡No me extraña!- y siguió denostando esta música que tan gloriosos y enormes sobrinos, primos hermanos y demás parentesco ha dado a nuestra cultura musical popular. –Música de borrachos alborotadores con camperas y sombrero tejano, con olor a vaquero sudoroso, a orines caballares- esto último le hizo callar momentáneamente –No te ofendas V, mira a Lyle Lovett, con esa carita y sus pintas de no sudar en absoluto se llevó al huerto a aquella chica que nos embobó en “Pretty Woman”, claro que lo que él hace es country alternativo, su disco “Pontiac” me sigue pareciendo una joya. También están Willie Nelson quien a pesar de sudar en abundancia ha dejado dos o tres grandes álbumes y Gram Parsons que sudó rock en su country. Y aunque faltaran todos estos siempre estaría K.D. Lang. Vale, me precipité, lo admito, me gusta el country (aunque mate)-. Si se atreven pueden pulsar el play, los mayores índices de suicidio escuchando country se produjeron en Nashville. La lectura de una obra literaria no es solamente el acto de trasladar de un sujeto a otro un complejo organizado e ideas e imágenes, ni el trabajo activo de un sujeto sobre una colección de signos que tiene que reanimar a su manera de extremo a extremo, es también , en el curso de una vista íntegramente regulada, sobre cuyo itinerario no existe la posibilidad de cambiar una coma, la acogida del lector por alguien: El creador de conceptos y constructos, convertido en propietario a secas, que os hace desde el principio hasta el final los honores de sus dominios, y de cuya compañía no es cuestión librarse. Soy extremadamente sensible por mi parte a los matices de esta acogida, hasta el punto de sentirme molesto durante la visita a una propiedad incluso esplendida si tengo que hacerla en indeseable o indiscreta compañía. La acogida de un Hugo, por ejemplo en el umbral de uno de sus libros, desdeña orgullosamente a mi pobre persona y se dirige más que al amigo lector, a un colectivo respetuoso de turistas que traspasan intimidados el umbral de un gran lugar histórico. La de Malraux que indefectiblemente me desasosiega, parece siempre irritada y como impaciente por dirigirse a alguien tan poco inteligente como usted. La camaradería picante e inagotable de Stendhal, es la de alguien con el que uno no se aburrirá ni un segundo, pero que no nos dará oportunidad de colocar ni una palabra. Al releer recientemente, en el ocio forzoso de mi habitación redescubro uno de los mayores encantos de Nerval: la amabilidad de una acogida sencilla y cordial, una especie de alacridad vagabunda y discretamente fraternal, que nunca insiste y parece siempre dispuesta, si quereís, a dejarse olvidar. Julien Gracq Leyendo escribiendo Continúa Gracq refiriendo distintas acogidas de las que se ha sentido objeto por parte de los autores: el que os espera en el mostrador exhibiendose como un tendero o “una prostituta de Amsterdam”, o el que os abandona y se desentiende por el camino. La obra de ficción como una casa por la que el autor te guía, nos pareció una de esas ideas que uno cree haber tenido siempre en la cabeza y que, nada más leída sientes la tentación de apropiárte. Empezamos a pensar en esos autores que como falsos amigos, te abruman con los objetos que acumulan, mostrándote con premiosidad y absoluta falta de caridad cada rincón de su casa y, al final ofreceros unas ridículas aceitunas, que son, junto a una mayúscula irritación, cuanto os llevais de vuelta. Pensábamos si lo dicho para la novela se podría ampliar a otras posibilidades de comunicación, en la que te diriges a otro con la intención de transmitir algo, por ejemplo, a los blogs, por lo menos a los de la vecindad que habitamos y de cuya amabilidad disfrutamos, ya que tanto usamos el simil de “casa” o “visita” y que cuanto nos gustaría ser como Nerval al menos en la forma de acoger a los amigos que tenemos la suerte de frecuentar. |